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Ventana domingo, 10 de enero de 2021

¿Por qué antenitas?

Un cuento

  • ¿Por qué antenitas?
Ariadna Vásquez Germán
Ciudad México

Anoche soñé que los pedacitos de plafones que hay en el techo del baño de mi casa se reventaron en el suelo. Mi sueño fue mudo, porque la verdad es que yo no escuché cuando se cayeron, porque como siempre se mueven, por la brisa, dice Pato, por un ratón, digo yo, por eso me mantengo alerta mientras estoy cagando o bañándome, porque en cualquier momento me puede caer un animal arriba, pero no sucede nada, y, como decía, anoche se cayeron los plafones, se cayó todo al suelo húmedo de la ducha, y cuando fui a ver, solita, me encontré como con trescientas cucarachas y una, una sola hormiga verde, con antenitas largas en la cabeza, eso, eso sonó muuuy pacheco, me dijo Pato cuando se lo conté, yo también lo pensé, !demasiado alucine! me dije en la mañana cuando me desperté, pero el caso es que mientras yo miraba desde la puerta del baño aquel espectáculo, haciéndomela la loca, porque mi neurosis con las cucarachas es agresiva, me di cuenta de que la hormiga estaba en tremendo aprieto, las cucarachas volaban de un lado a otro, y le pegaban en las antenitas, la tenían tonta, la pobre, así que me senté un rato en la laptop a buscar un remedio para la pobre hormiga verde, que además no me cayó nada mal, y sólo encontré publicidades de Raid. “Aproveche toda la eficiencia para matar cucarachas que tiene Raid, más ¡el poder necesario para matar los gérmenes! Raid with GermFighter Ant & Roach Killer es el único insecticida en aerosol que mata cucarachas, hormigas…” no no no, ése no, y mientras me fajé a buscar un insecticida que no fuera a matar a Verdi, me sorprendí de lo compasiva que estaba yo con el insecto, así fue como me di cuenta de que era un sueño, y ¡qué decepción!, de veras, porque no sentía yo tanto miedo a las cucarachas en ese momento, y estaba feliz y hasta me reía, creo, mientras buscaba los datos en internet, y cuando me desperté se lo conté a Pato, y la verdad es que me hizo una cara de pena que me sentó muy mal, por eso me levanté a hacerme un café con leche antes de irme a trabajar, y sucede que me tocó uno de esos días en que te brota la sensación de que todo está perfectísimo y que no hay nada que hacer más que mirar y mirar y anotar los movimientos y moverte, y cuando salí a la calle a tomar el metro, había una muchachita esperando afuera del edificio de al lado, y no sé, tengo la certeza de que ahí, en ese edificio, hay una habitación o todo él es un motel donde los hombres se cogen a las carajitas, porque siempre que llego, siempre que paso, hay unas muchachitas afuera, están esperando, por la forma en que curvan sus piernas para posarse en el piso, por eso lo noto, y porque dan saltitos pequeños en la acera, como HARTAS de estar ahí, y esta mañana había una de ellas afuera, tempranito, con una mochila en la espalda, y me quedé viéndola un rato por si después en los periódicos presentaban una foto de ella asesinada, pero se me olvidó la cara, me puse a pensar en el sueño otra vez, en lo altruista que era yo en el sueño, y me dieron ganas de ser así, y por eso me puse a llorar en el asiento del metro, bueno, primero no fue por eso, primero fue porque cuando iba a bajar en Chabacano, una señora empezó a cantar la canción de cuna para el negrito, dueeerme, dueerme, que tu mamá está en el campo negritooo, y la señora cantaba con los ojos cerrados, y traía un niño envuelto que cargaba en un trapo amarrado a la espalda, pero no fue eso, no fue la imagen de ella con los ojos cerrados cargando al muchachito lo que me hizo llorar, sino que el carajito dormía, parecía casi muerto, pero sólo dormía, y existía sólo porque la mamá lo cargaba y lo dormía así, y la verdad yo quería que me durmieran de la misma manera, o que alguien estuviera completamente pendiente de mí, tanto como para ayudarme a existir, porque ni el sueño, ni el café con leche me despertaron esta mañana, y por eso cuando llegué al trabajo, no saludé, y como era tarde, entré con cara de encojonamiento, para que nadie me preguntara nada, y como a las dos horas le dije a una de las muchachas: tuve un sueño rarísimo, pero no le dije nada cuando me preguntó, y le escribí a mi profesor Carlos, y le dije que había tenido un sueño donde salía una hormiga verde con antenitas y como trescientas cucarachas, pero no le conté más nada, porque todavía tenías las preguntas en la cabeza, atormentándome, ¿es que yo no puedo querer a las cucarachas? ¿por qué solamente la hormiga? ¿por qué verde? ¿por qué antenitas? Ya nadie puede esperar nada de mí, eso fue lo único que me escuché decir, pensando en voz alta, y se lo escribí a una amiga con la que chateaba en ese momento, pero no le dije nada del sueño, no le dije nada de la hormiga, ni de las cucarachas, GENIAL, sólo eso le escribí. 

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