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Ventana domingo, 04 de octubre de 2020

HISTORIA

El infierno de vietnamen primera persona

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  • El infierno de vietnamen primera persona
David Morán
Tomado de ABC
Barcelona, España

Primero llega el shock; luego el escalofrío. «Salí corriendo y ¡Dios!, allí estaban esas personitas con sus sombreros en forma de cono corriendo de aquí para allá al otro lado de la verja. El aire olía diferente y todo parecía diferente. Al principio eres una idiota y no te enteras de nada», recuerda una enfermera que llegó a Vietnam en septiembre de 1970 con una maleta de 45 kilos y las reservas de ingenuidad todavía bien surtidas. Sigamos. «A mí me encantaba acercarme a tíos que acababan de recibir un balazo en el pecho o en las tripas y fingir que era médico. Tenías carta blanca para hacer lo que te diera la gana.

Estás rodeado de cadáveres, así que si quieres hacer algo absurdo, lo haces y punto», relata un poco más adelante un soldado de infantería encargado de la radio que ya había empezado a sospechar que todo aquello era un inmenso sinsentido. ¿Más? «Puede que haya perdido la cabeza, pero lo tengo todo bajo control», sostiene un veterano que, ya en casa, se dio cuenta de que si había sobrevivido a My Lai, al agente naranja y a la selva tropical, podía lidiar con cualquier cosa.

Las tres voces, planteamiento, nudo y desenlace de la gran derrota militar de Estados Unidos amén de la Primera Guerra Pop del siglo XX, se enredan y anudan «Nam. La guerra de Vietnam en palabras de los hombres y mujeres que lucharon en ella», apabullante historia oral que reúne testimonios en primera persona de 150 veteranos que, como cantaba Springsteen, fueron enviados a una tierra extranjera «to go and kill the yellow man». ««Nam » no es la verdad en mayúsculas sobre Vietnam. Simplemente escuché a las personas explicar sus «historias de guerra». Historias llenas de emoción, sin duda inexactas en algunos puntos, exageradas o minimizadas. Historias que, despojadas de ambición y romance, están más cerca de la verdad de lo que realmente sucedió que las que teníamos antes», explica Mark Baker, autor de un libro que, publicado originalmente en 1982, se traduce por primera vez al castellano de la mano de la editorial Contra. «Quería saber qué se sentía, cómo olía; quería saber acerca del heroísmo y el horror de los hombres y mujeres que lucharon allí. Y al final resultó que muchas otras personas también querían saberlo», relativiza Baker.

Así, hilvanado a partir de testimonios anónimos y en primera persona que Baker empezó a recopilar en 1972, «Nam» viaja de los centros de reclutamiento al aeropuerto de Bien Hoa; de la eternas esperas en Okinawa al aterrizaje forzoso en la jungla; del primer disparo mortal con un M-16 («Clint Eastwood estaría habría estado orgulloso de mi», dice un soldado tras cobrarse su primera baja) a los trofeos cada vez más retorcidos que exhibían algunos de los soldados. «Si tenías un collar de orejas quería decir que eras un buen asesino, un buen soldado. Se nos alentaba a cortar orejas, narices, los penes de los hombres», recita otro.

Una imagen que colisiona salvajemente con la idea de que Vietnam fue una guerra librada en su mayor parte por «chavales desafectos de diecinueve años, como tus amigos del barrio», tal y como apunta el escritor Kiko Amat en el prólogo. O, como señala otra de las voces del libro, un puñado de críos a los que habían invitado a jugar con los mayores: «Yo no sabía una mierda de Vietnam. Pensaba: «¡Bah! Seguro que mandarán a tíos de verdad para combatir. No van a mandar a los niñatos como yo». Pero ahí estaba yo, con el resto de los niñatos, pasándomelo en grande».

Romper el silencio
No cuesta entender que en su momento «Nam» fue una revelación; un volumen que hizo dupla con «Despachos de Guerra», de Michael Herr, e hizo trizas el espeso e incómodo silencio que lo engulló todo tras la derrota. «Nadie quería recordar aquello. Nos lavamos las manos e intentamos olvidarlo. Aunque la guerra cultural y generacional continuó, ambas partes guardaron un silencio agradecido, tal vez culpable, sobre Vietnam. Los veteranos de la guerra a menudo ocultaban su servicio militar a los empleadores, no hablaban con sus cónyuges sobre sus experiencias y casi nunca compartían con sus amigos lo que había sucedido. Era como si todos los que participaron en la guerra ya estuvieran muertos o desaparecidos», explica. Pero no estaban muertos. Simplemente, estaban callados. «Había una historia privada oculta, pero estaba muy cerca de la superficie. Todo lo que tenía que hacer era preguntar. Así que eso es lo que hice», añade.

Mitificada en el cine y narrada y cantada hasta la saciedad -«The Rolling Stones, Jimi Hendrix, Country Joe & the Fish, Joe Cocker, John Fogerty, Creedence Clearwater Revival, Janis Joplin , Jefferson Airplane, Sly & the Family Stone... Para mí existe una conexión instintiva entre lo que escucho en mi cabeza y lo que que sucedía en aquel momento», explica Baker-, la guerra de Vietnam, como todas las demás, también ha acabado sucumbiendo al paso del tiempo y a una mirada cada vez más anestesiada.

«Las personas que lean este libro hoy habrán sido testigos de infinidad de conflictos y actos de terrorismo en las últimas décadas, desde Kosovo y Serbia a Irak, Afganistán, las Malvinas, Chechenia y Crimea. Muchas de las historias de terror de la guerra de Vietnam han sido adoptadas por las películas y superadas por la vida real. Así que muchas de las historias de «Nam» siguen siendo emocionalmente conmovedoras, empáticas, a veces incluso crudas, sí, pero creo que ya no son impactantes», sostiene.

Una afirmación que, sin embargo, tiene poco que ver con el cuerpo de colisión múltiple que se le queda a uno después de enfrentarse a heridas infestadas de gusanos, masacres «perpetradas con entusiasmo» y sesos desparramados por el suelo. «Matar es lo fácil, pero estás agotado, siempre, todo el puto tiempo», que resume uno de los soldados.

Kennedy ya no estaba

Después de recorrer la jungla y las trincheras calado hasta los huesos, «Nam» se cierra con un último capítulo dedicado a la problemática vuelta a casa. Un retorno que no solo puso a prueba la cordura de los propios veteranos, sino que convirtió en estigma de apestoso purulento lo que en otra época hubiese sido reverencia y respeto. «Los jóvenes percibían la guerra de Vietnam como algo inútil e innecesario. Y la generación de sus padres se sintió a menudo avergonzada por una pérdida militar tan terrible. Los veteranos quedaron varados en el medio, sin saber por qué fueron odiados o, peor aún, ignorados», explica Baker. «Cuando regresé de Vietnam no esperaba que me recibieran como a un héroe, pero si esperaba tener un trabajo digno. Creía que el gobierno se ocuparía de nosotros. Pero éramos los hijos de Kennedy y él ya no estaba cuando volvimos, así que nos jodieron», resume uno de los veteranos. Lo que vino a continuación, con todos esos Ron Kovic y Teniente Dan Taylor que alimentaron las pesadillas de la posguerra y la imagen del veterano inadaptado y marginal, es de sobras conocido, aunque Baker prefiere resaltar la otra cara de la moneda. «Lo sorprendente no es que algunos de estos hombres y mujeres fuesen sintecho y se metiesen en las drogas o en el crimen. Lo sorprendente es que la gran mayoría de ellos finalmente regresó a la vida normal por su cuenta, como esposos y esposas, padres y madres, empleados valiosos y miembros productivos de la sociedad estadounidense».