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Ajedrez vs Xenofobia

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Nelson Pinal Borges, MI & FIDE TrainerSanto Domingo

Desde siempre, el Ajedrez ha sido un juego muy cosmopolita, no sólo porque se práctica en los más recónditos rincones del mundo, sino también, porque los ajedrecistas viajan miles de kilómetros para jugar y hasta para residir fuera de su Patria. Entre los casos más conocidos, tenemos la pléyade de fuertes jugadores que en el año 1939 se quedaron a vivir en Argentina como resultado de coincidir la famosa Olimpíada de Buenos Aires y la Segunda Guerra Mundial.Son muchísimos los ejemplos de relaciones de camaradería entre amantes del Noble Juego de diferentes países. Y también las relaciones amorosas terminadas en matrimonio entre ajedrecistas de distintas nacionalidades.

A la Olimpíada mundial por equipos asisten docenas de jugadores en representación de sus nuevos países de residencia. Todo es aceptado con normalidad tanto por la FIDE como por todos los ajedrecistas. Y es que entre los verdaderos amantes del Juego Ciencia no tiene cabida la xenofobia.

La xenofobia sólo existe en los pseudo ajedrecistas. En los oportunistas, algunos llegados a federativos por accidentes del destino, mentes mediocres sin tradición ni Cultura Ajedrecística y que desgraciadamente deciden bajo determinadas y temporales circunstancias, políticas ajedrecísticas nacionales. Estos restan y dividen a la masa.

Como experiencia puedo afirmar que siendo ajedrecista de origen cubano y nacionalizado en República Dominicana, (nación que he representado con orgullo y dignidad en varias ocasiones) por lo general siempre he sido bien acogido en las actividades desarrolladas en más de 25 ciudades del país, desde la romántica Barahona en el sur, hasta la histórica Montecristi, y Samaná en el norte, la bella ciudad visitada periódicamente por las ballenas jorobadas, y desde Neyba hasta Bávaro y La Romana, ciudad donde se encuentran Los Altos de Chavón y Casa de Campo, refugio turístico de famosos artistas internacionales.

Siempre el trato respetuoso y generoso característico del pueblo dominicano ha prevalecido en los eventos en que he participado, ya sea como jugador, simultaneísta o conferencista. Eso es edificante y reconforta los sentimientos de solidaridad entre los pueblos cubanos y dominicanos, tan unidos por la Historia, la Geografía y la Cultura.

En contraste, he conocido casos en Nuestra América, como llamó Martí, el Apóstol de la Independencia de Cuba a las tierras desde el Río Bravo hasta la Patagonia, de federativos y jugadores que tildan despectivamente de extranjeros a ajedrecistas legalmente establecidos en una segunda Patria, y otros que emplean diferentes formas de marginación y desconsideración con ajedrecistas provenientes de otros países.

Por suerte, esos ejemplos son mínimos y temporales, ya que cada día los ajedrecistas de mentalidad xenofóbica son menos porque la Diosa Caissa, fiel defensora del verdadero Ajedrez, logra enviarlos a tiempo al basurero de la Historia. Por lo general la persona decente y con una Cultura promedio no es xenófoga; estas contrastan con otras que tratan de defender su nacionalismo extremo de forma oportunista e irracional.

Exhorto a denunciar públicamente y ante la FIDE esos casos aislados que en pleno siglo 21, siendo todos habitantes de una misma Aldea Global llamada Tierra, aún permanecen para desprestigio de la Familia Ajedrecística, que es una sola y como tal debe reaccionar ante cualquier suceso dondequiera que se produzca.

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