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Revelaciones

Un poeta banilejo totalmente olvidado

Manuel Mora SerranoSanto Domingo

Muchas ciudades y pueblos de nuestro país han publicado antologías con muestras de sus principales escritores, incluyendo periodistas. Baní, que ha sido una comunidad en los años que perteneció a la provincia Capital, es decir, cuando fue común (o municipio, de la ciudad de Santo Domingo, hasta los años treinta, cuando Rafael L. Trujillo instituyó, primero la Provincia Trujillo con San Cristóbal de cabecera, y más tarde la José Trujillo Valdez, con Baní como capital), disfrutó de la presencia de sus intelectuales y se dio el caso de que por ese hecho geográfico, algunos banilejos ilustres nacieran fuera de ese pueblo, pero se les considera nativos para fines literarios, sobre todo si sus padres fueron del solar de Peravia.

Baní no ha sido una excepción en cuanto a su antología; existe la de Escritores Banilejos de Tomás Báez Díaz, de la Editora de Colores de esta ciudad, sin fecha de edición (recordamos que fue por los años ochenta o principio de los noventa), en la cual incluye unos cincuenta y cinco nombres, desde el legendario Luis Joseph Peguero a Manuel Miniño Billini; con personalidades de tanto peso cultural y literario como los poetas Héctor Incháustegui Cabral y Rafael Lara Cintrón, a narradores de la estirpe de Francisco Gregorio Billini o intelectuales como Francisco Xavier del Castillo Márquez o periodistas de fuste como Rafael Herrera, por solo citar algunos nombres, además, hay poetas, historiadores, ensayistas y periodistas muy valiosos y la figura cimera de Máximo Gómez; pero evitando caer en el catálogo, diremos que. extrañamente, un poeta y periodista, que inició publicando a principios del siglo pasado poemas modernistas, y luego dos libros y unos folletos, no aparece en dicha antología, aunque en la famosa revista ‘Páginas Banilejas’ en los años cuarenta, aparecieron sonetos suyos.

Lamentablemente no podríamos interrogar al querido amigo Báez Díaz por la razón de esa ausencia.

Sabemos sí, que don Tomás y sus familiares más cercanos, padecieron persecuciones y cárcel, y algunos pagaron con su vida su participación en el magnicidio del 30 de Mayo, a pesar de que, muchos de los que actuaron la noche de la liberación habían sido trujillistas notables.

Decimos esto porque pensamos que este poeta, aunque tenía méritos sobrados como literato y en especial como poeta, había cometido algunos delitos políticos que quizás motivaran su exclusión: En efecto, en el inicio de la Era, quizás el primer libro elogioso, firmado el 1ero de septiembre de 1930, es decir, unos días antes de San Zenón, con el título de ‘Rafael Leonidas Trujillo, Notas Biográficas’, editora Cromos, Santo Domingo, 1930, con 46 páginas, además de elogios da nombres de intelectuales trujillistas del momento que signaron documentos de apoyo al futuro dictador.

Su segundo libro con el título de ‘Sonetos y otras poesías’, de la Imprenta Roldán, es de 1941 la primera edición; la segunda que hemos tenido a la vista es de 1947.

En este último libro, como en los anteriores, hay elogios a Trujillo; un soneto titulado ‘La reelección del Generalísimo Trujillo’ y otras citas,

Eso, y otros detalles que señalaremos más adelante, puede ser, pensamos nosotros, que motivara que sus versos no aparecieran en la dicha antología.

Sin embargo, si fuéramos a ignorar lo que como literatos hicieron nuestros escritores que fueron trujillistas, muchas de las personalidades más sonoras no tendrían derecho a ser recordados.

En su ‘Historia de la literatura dominicana (Tomo IV)’ de Néstor Contín Aybar (Universidad Central del Este, 1986), también había sido olvidado en el Tomo III y lo agrega a la Sección I del Capítulo II.

Este escritor con tan mala suerte, llevó los nombres de Arquímedes Cruz Álvarez (1884-1958), hijo de Manuel María Cruz Lepín y Dolores Álvarez, nacido en Baní, donde fue maestro rural según datos del historiador citado. Luego, como muchos banilejos vino a vivir a esta ciudad y aquí desarrolló su labor intelectual. Se inició como redactor de la revista ‘Lampos’ de 1906 y director del periódico ‘El heraldo de la Raza’ de 1923. Nosotros hemos encontrado un soneto suyo de 1907 y decimos de pasada, que fue antologado por Osvaldo Bazil en su ‘Parnaso Dominicano’ de 1915 con su soneto ‘Paganismo’.

Y por ahora, antes de profundizar en su obra literaria y en sus ideas, veamos lo que el No. 20 de septiembre del 15 de 1910 de la revista ‘Osiris’ escribiera Valentín Giró director de la misma: “Arquímedes Cruz: Es un orfebre de sonetos áureos. Poeta de un nerviosismo de banderas desplegadas le filtra a sus versos temblores de aguas corrientes, y de rosales danzando al viento. No le habléis de Homero, del cantor ciego, divino y miserable, que se os sublevará y os armará un escándalo en cualquier sitio; pero habladle de Lugones, de Marquina… y entonces, con un silencio cuasi olímpico, os escuchará con éxtasis. Es bien grato para Osiris hoy la efigie de Arquímedes, joven de talento y porvenir.”

Para cerrar este introito, he aquí el citado soneto suyo que encontramos: En ‘La Cuna de América’ No. 17 de 28 de abril de 1907 titulado ‘Musa Marina’ dedicado a Valentín Giró: “Vaga en el dorso de la nevada espuma / Con su opulenta idealidad de Diosa. / “Y mudable y discreta y voluptuosa”; / Su nívea gasa es la flotante bruma. //

Con donaire gentil y gracia suma / Muestra en sus labios perfumada rosa, / Y su sonrisa plácida, amorosa, / es un néctar que emerge de la espuma. // Cuando la lumbre matinal vacila / Y alba luz que refleja en su pupila / Ciñe sus combas de alabastro y oro. // Al mar imprime su adorada huella, / Y parece que flota una querella / Sobre las ondas del cristal sonoro”.

El soneto no es perfecto por la repetición de espuma y problemas de métrica, empero, “suena” a soneto, y a soneto modernista, desde el título.

Incluso, hemos encontrado en el siguiente número, el 18 del 5 de mayo, un poema en prosa suyo, titulado “Bajo relieve” con este extraño y audaz subtítulo en ese entonces: (Versión libre), casi casi “verso libre”.

Como se dice, para muestra, un botón que debería ser abotonado en un traje a la medida de su calidad poética, fuese la que fuese: pero de poeta al fin; que por ese solo hecho y por todo lo demás (a pesar de todo lo demás), su patria chica no debió despreciarlo dejándolo en un limbo histórico, del cual iniciamos su rescate.

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