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LA CUARTA PARED

Contadores de historias

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Virginia Sánchez NavarroSanto Domingo

No todas las respuestas existenciales pueden ser encontradas en la ficción. Es una afirmación perfectamente válida. A pesar de que ésta última depende estrictamente de la existencia, es muy posible que algo de lo tanto que se ha vivido o sentido a lo largo de la humanidad se haya escapado a las viejas historias. Muchas veces la realidad se ha tornado tan brusca, tan “real”, que nuestro gusto por cuestiones imaginarias se pierde. ¿Para qué emplear tiempo y esfuerzo en creaciones ficticias de mentes desocupadas? Y si a eso le sumamos los episodios fantásticos, los finales milagrosos, la bondad humana encontrada en lugares inimaginables o las absurdas mentiras del mundo de la fantasía, es suficiente como para creer que la ficción en general es un maquiavélico plan iniciado en la era de las cavernas para engañarnos vilmente con verdades alternas y así acabar con nosotros. Sin embrago, si finalmente convocamos las fuerzas suficientes para levantarnos de nuestra realidad y nos damos la oportunidad de, momentáneamente, intercambiarla por el territorio ficticio, encontraremos como nunca antes los dones escondidos de este arte. Nada nos hace tanto bien como el saber que lo que pasamos hoy, lo han pasado millones antes que nosotros. El trabajo de contar historias es el registro perfecto de la vida en el planeta Tierra. Estemos o no en las situaciones que se encuentran los personajes creados, es un alivio el perderse por unas horas en un mundo alejado del nuestro pero a la vez esencialmente similar, en el cual podemos reaccionar y sentir de manera segura. Y si en verdad nos disponemos, veremos que en poco tiempo la bondad que ofrece Jean Valjean a Fantine o la manera en que se levanta de la nada, son estrictamente posibles también en nuestro mundo, pues no pueden estar basadas en algo más que no sea la misma experiencia de la humanidad. Una vez entendida esta verdad, no nos será tan difícil creer en la posibilidad de que alguna vez haya existido una mujer llamada Rosa, poseedora de una impresionante melena verde, o que alguna vez un viejo pescador haya atrapado un gigantesco pez que no hubiera podido ser levantado por un joven lleno de fortaleza, o que en verdad los milagros ocurren, que el mundo sigue girando y que un día el problema que parece mutilarnos va a llegar a su final, y nos levantaremos airosos mientras lo vemos irse. Quizás no todas las respuestas existenciales pueden ser encontradas en la ficción, pero la humanidad aún no acaba, y los contadores de historias aún seguirán registrando.

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