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Heart beat

Ficha técnica País: República de Corea. Año: 2011. Duración: 114 minutos. Dirección y guión: Yoon Jaegeun. Reparto: Kim Yun Jin, Park Hae Il, Jeong Da Hye, Park Ha Young y Kim Sang Ho. Sinopsis: Una madre encuentra a una mujer en muerte cerebral con un corazón compatible al de su pequeña hija que necesita un trasplante, pero el hijo de la moribunda se opone a tal donación. I Esta pudo ser una gran película. De esas donde la anatomía de lo clásico se otorga por la hondura argumental. Pero la frenó el melodrama, el “happy end” al estilo Hollywood y un argumento que en definidas cuentas atendió más los vericuetos de la sensiblería que el formidable contraste humano que se antepone como principio ético: el amor de una madre por su hija no es más candoroso que el de un hijo por su madre. Yoon Yae-geun le dio un giro novedoso a una historia común. Pero se le fue la mano en la escritura. Apuntó al cine, pero le saltó al culebrón, convirtió a su protagonista en una heroína “dura”, una súper mujer que no necesita policías ni detectives para enfrentar búsquedas o para entablar combates con “hombres” mucho más fuertes que ella. Construyó personajes falsos, poco creíbles y vulnerables. Y al elegir elige el camino de la anécdota por encima del enfrentamiento psicológico, Yoon perdió credibilidad. En “Heart Beat” corren las casualidades como verdades absolutas y las simplezas se maquillan con argumentos de carácter científico. En su búsqueda de originalidad, Yoon recurre al absurdo: no solo se atreve a que un joven ingenuo y desesperado “rapte” a una niña de un hospital en compañía de su novia inexperta, sino que inventa contra historias risibles, respuestas inacabadas y fugas de dudosa reputación. En estas argucias brillan formas desproporcionadas de llamar la atención. Lo mismo ocurre con las lágrimas fuera de contexto; con los amagues de crueldad que nunca llegan a tocar las dimensiones del dolor. Con pintas fantasiosas se pretende pintar la desesperación de los protagonistas ante el peligro de la muerte. Quedan al margen aspectos tan importantes como el comercio ilegal de órganos humanos, el chantaje filial, la búsqueda desesperada del amor, la soledad de los perdedores y de contraste de los sentimientos encontrados hacia la familia desde posiciones, rangos y visiones diversas. También se pasan por alto el grado corrupción dentro de un sector de la clase médica, la insignificancia del egoísmo y los caprichos, así como las zanjas morales que abren en algunos la condición de pobreza extrema, y la denuncia a un tipo de pobreza mucho más vulnerable: la falta de solidaridad humana. El maquillaje, el vestuario, los atuendos y los parlamentos de los actores y actrices juegan un papel de primer orden frente al mismo desarrollo de la trama, en vez de acoplarse como complemento de esta. Los primeros treinta minutos de la película aburren. No se sabe a ciencia cierta si fueron escritos para desencantar al espectador o para sacarlo fuera de sí. Lo cierto es que cuando entra en escena el verdadero entramado de la historia muchos no lo reciben como debiera ser. Es una lástima que tantos balbuceos e inseguridades frustren el resultado final de esta película que, en su matriz, presenta un contraste “fuerte”, novedoso y original dentro del mundo temático del drama familiar. Y que puede servir como indudable referencia museográfica para enfrentar, a partir de ella, obras mucho más logradas.

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