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Ventana sábado, 01 de octubre de 2011

TESOROS DE BANÍ

¡Benditas sean tus manos!

EN POCAS PALABRAS ELSIRA AMADOR EXPRESA SU AMOR POR EL TRABAJO: "ESTOY DEBARATA', PERO EL DÍA QUE NO TRABAJE ME MUERO"

  • ¡Benditas sean tus manos!
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Indhira Suero
Los Jovitos, Baní

Elsira Amador Vizcaino se sorprendió cuando vio llegar a los visitantes. Su deber de hospitalidad le indicaba que para personas que venían de tan lejos, debía tener algo en sus manos: aunque sea algún ‘dulcito’ o un pan de guayica.

Luego de la molestia que le causó el no tener nada para regalarles (al ser ella la “reina de los dulces” en Los Jovitos) de inmediato les invitó a sentarse. Entre disculpas porque tenía la vitrina vacía, mandó a buscar unos conconetes que permitirían a los presentes disfrutar de su arte a la hora de hacer dulces.

Una mujer como  esta inspira respeto y admiración, en ella se pone de manifiesto la hospitalidad que caracteriza a la gente “de los campos” y el deseo de dar hasta lo que no tiene para hacer sentir al visitante como si estuviera en su propia casa.

Mientras se lamentaba de no estar arreglada para la ocasión, se sentó en una silla y empezó a relatar su historia. Al hablar captó la atención de los presentes que disfrutaban de un ‘bienmesabe’ o conconete y se admiraban por la capacidad de trabajo de esta mujer que ya tiene nietos.

“Aquí hago pan de batata, conconete, masitas, dulces de leche, naranja, maní. También bombones, hojaldre y guayica.  Dejo todo preparado en la noche, después  me levanto a las cuatro de la mañana y prendo el fogón, a las cinco me despierto y sigo organizando la mercancía”, manifiesta Amador.

 Esta mujer considera que nadie nace aprendiendo y recuerda que empezó a hacer dulces luego de ver a “Ninina” y Adelmira, quienes un día llegaron desde Carretón hasta Los Jovitos dispuestas a “endulzar” la vida de la gente de la comunidad con los denominados “dulces cimarrones”.

El último rezo
A pesar de que vende en su casa, en fiestas, noche en velas y a la gente que viaja al exterior. Las ventas de Elsira Amador generan más dinero en los rezos.

“Siempre me entero cuando están velando a alguien. Nos llaman y nos dicen ‘murió fulano, hay un rezo en tal parte’, entonces le aviso a las otras mujeres y vamos a vender dulces para donde sea que se haga la vela”, destaca Amador.

Pero no solo en Baní esta mujer gana su sustento diario. También gana dinero de las ventas que hace en lugares como San Cristóbal, Boca Chica, Bayaguana, Higüey y Santo Domingo. “Me voy al pueblo en unos motores que tienen cajones de hierro en los lados y ahí pongo las canastas llenas de dulces, dipue’ me monto en una guagua que me lleve pa’ San Cristóbal y vendo mi mercancía en muchos sitios.  Hay vece’ que la gente no compra porque no conoce mucho de estos dulces; otros me los compran y lo llevan a su casa”, dice Amador.

Hornos
El calor de los hornos ha hecho que para cocer sus dulces, Elsira Amador sea capaz de resistir temperaturas que pocos soportarían. Hace unos años decidió hacer su propio horno y en la actualidad los cosntruye de cemento, de piedras, de ladrillos y de barro.

“Me puse a inventar y hoy lo hago en 3,000 pesos. Lo hice con un modelito chiquito como los niños y después les dije a mis nietos que recogieran piedras y tierra para construirlo.  Ahora me buscan para que haga hornos y me quedan ma’ bonitos.  Pero dan demasiado trabajo  para hacerlos”, asegura Amador.

El dinero que no alcanza
Elsira se queja de que los precios de los ingredientes que llevan sus dulces le impiden hacer todo lo que quisiera: “El cubo de miel se vende desde cinco hasta diez mil pesos. El coco está caro porque la gente lo tumba para dipue¥ venderlo en la calle y para hacer un solo caldero de dulce necesito 15 libras de batata y un coco; eso sale muy caro”. En su casa, Amador gana de 400 o 500 pesos por la venta,  aunque asegura que algunas veces la gente le compra y le dan “alguito” más.

Amor de abuela
Como abuela dedicada, está conciente de que la educación es la clave para avanzar y vivir en sociedad. Por esa razón afirma trabajar para que sus nietos puedan cumplir todas las metas que se propongan.

Con orgullo expresa que con su labor ha levantado a la familia y que tiene hijos que trabajan en tapicería, Aduanas, talleres de mimbre y en tiendas. En la actualidad cría a sus nietos.

“Me voy a vender dulces dipué’ de que llegan de la escuela. Ellos no quieren ser “dulceros” porque ven el trabajo que paso , pero yo lo que quiero es que sigan su estudio porque yo voy pa’ abajo y ellos pa’ arriba”, enfatiza la ‘reina de los dulces’.

PRESENCIA AFRICANA PASO A PASO
En el libro “La Sarandunga de San Juan Bautista en Baní”, el sociólogo Dagoberto Tejeda destaca la presencia de los “dulces cimarrones” en la sección del Limonar. Tejeda refiere que “los llamados “dulces de negros”, elaborados en hornos caseros, se han mantenido como parte de una tradición gastronómica local y son una herencia afro. Las mujeres de la Vereda, como de las comunidades más cercanas como el Limonar, se han especializado en su producción. Es interesante que muchas de las mujeres que elaboran y venden estos dulces, son de las lomas cercanas a San José de Ocoa, lugar conocido en la región como “El Maniel”, un enclave cimarrón importante durante la colonización española”.