Santo Domingo 21°C/24°C light rain

Suscribete

REFLEXIÓN

Ven a visitar tu viña

Avatar del Listín Diario
Teresa Valentín Batlle, M.C.JSanto Domingo

Un canto de amor, cuidado y pasión en una tarea: plantar una viña. Tenemos buena tierra, buenas cepas, y el ojo amoroso de Dios sobre nuestro trabajo. Contamos con compañeros de camino estupendos y oportunidades a montones de crecer y sembrar. El canto tierno de amor por la viña nos induce a describir las relaciones de Dios con su pueblo. El esposo cuida con trabajos de amor a la viña esposa. Espera anhelante sus frutos como respuesta de amor a sus desvelos. La viña le responde con agraces. Dios, el esposo, ha agotado todos sus recursos de amor a favor de Israel. El amor decepcionado abandona con pesar, a la viña a su propia suerte. Este abandono es la ruina de la viña. Es la síntesis de la historia de la salvación: la lucha entre la misericordia amorosa de Dios y la infidelidad constante del ser humano. Es una llamada de atención para la Iglesia y, como todos somos Iglesia, lo es también para todo cristiano. La Iglesia, en algunos lugares y circunstancias, parece que ha perdido el rumbo y cuesta entenderla, pero hay una llamada de súplica por parte del Salmo 79: “Fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa”. Pablo nos exhorta a los cristianos a que asimilemos todo lo bueno que encontremos en la vida. Apertura a todas las cosas buenas, “a todo lo que es verdadero, noble, justo puro, amable, laudable; todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta”. Nos llama a la complicidad de todo lo que él vive. ¿Qué nos dice Jesús? “Arrendará la viña a otros labradores”. Dios formó un pueblo en Egipto (Os 2,1). Lo hizo “propiedad personal entre todos los pueblos, un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19,5-6). Fue adoctrinándolo con una historia de salvación. Envió profetas para indicar el camino a seguir. Este amor del Dios clemente y compasivo (Sal 103,8) esperó que su viña “plantada de cepa exquisita diera uvas, pero dio agraces” (Is 5,2). Muchos descendientes de Israel dejaron de ser Israel (Rom 9,6). Cristo, el Enviado del Padre, vino a subsanar esta viña. Pero “vino a su casa y los suyos no le recibieron” (Jn 1,11); pero todavía “hicieron morir al Señor que lleva a la Vida” (Hch 3,15). Así rechazaron a la piedra angular, sus ojos fueron cegados y su corazón endurecido (Hch 4,11).

Tags relacionados