SIN PAÑOS TIBIOS
Sobre el Plan Nacional de Reforestación
No todo está perdido cuando un pueblo se moviliza en defensa del agua, cuando la gente entiende que es el recurso más importante de todos (al fin de cuentas, sin agua no se puede hacer cerveza).
Lo vimos en San Juan, y también deberíamos verlo en otros lugares. En las cuencas de los ríos, que, a pesar de constantes operativos, están siendo depredadas por la extracción de agregados; la contaminación de los acuíferos subterráneos, con la descarga de filtrantes y pozos sépticos; la contaminación de aguas superficiales, con desagües ilegales de industrias, lavado de motores, carros, etc.; en el uso sistemático de los ríos como lugares donde tirar la basura; y cientos de situaciones más.
En esta media isla –que por demás, tiene a Haití de vecino–, el agua debería ser entendida y asumida como un recurso limitado y en riesgo; de ahí que las perforaciones indiscriminadas de pozos deberían ser controladas; la eficientización de los canales de riego debería ser una obsesión nacional; deberíamos exigir más supervisión en carwash, campos de golf, etc.; y no debería ser un tema conflictivo ni políticamente relevante el pago a la CAASD o a las CORA's… todo lo contrario.
Toca que entendamos cómo funciona el ciclo del agua, la importancia de las lluvias, el cambio climático y el calentamiento global, y, sobre todo, la importancia de aumentar la cobertura boscosa para incrementar la capacidad de generación, absorción, retención y distribución de agua de las cuencas.
Sin ir más lejos, San Juan es un buen ejemplo. La provincia sufre una pérdida de más del 60% del agua superficial por la deforestación de sus montañas –gracias al conuquismo y la ganadería–, lo que significa una reducción de su potencial agrícola y empobrecimiento de sus agricultores.
La supervivencia de la nación, la sostenibilidad de su modelo económico y el bienestar de la gente, dependerá de más agua, es decir, más árboles.
El desafío forestal siempre ha estado ahí y hemos avanzado, pero no al ritmo de la realidad y las necesidades. Debemos reforestar masivamente, a un ritmo superior a la planificación ordinaria del Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales (MIMARENA) y disponer recursos extraordinarios para avanzar geométricamente y recuperar los árboles perdidos.
El Plan Nacional de Reforestación del MIMARENA es ambicioso, avanza al ritmo establecido y noticias como la reciente utilización de drones para la siembra masiva en el proyecto piloto en Caratá, –municipio Guayajayuco, provincia Dajabón–, abren oportunidades de eficiencia, reducción de tiempos y costos, como señaló el ministro Paíno Henríquez.
Señor presidente, Luis Abinader: si quiere ser recordado como un gran defensor de los recursos naturales y la estabilidad hídrica nacional, este es el momento de asumir el Plan Nacional de Reforestación como una cruzada urgente e inmediata, porque como dice el proverbio chino, “el mejor momento para sembrar un árbol fue hace 20 años, y el segundo mejor momento es ahora”.

