Tres brechas, una ventana: Lo que la RD debe hacer para que el nearshoring nos elija

 Palabras Ligia Bonetti en el Almuerzo de la Cámara Americana de Comercio.                                            

Ligia Bonetti durante su participación en el almuerzo mensual de la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (Amchamdr).

Ligia Bonetti durante su participación en el almuerzo mensual de la Cámara Americana de Comercio de la República Dominicana (Amchamdr).Leonel Matos

Permítanme comenzar con una observación incómoda. La República Dominicana es de las economías de más rápido crecimiento en América Latina. Lideramos la región en expansión del PIB.

Recibimos más turistas que casi cualquier país del Caribe.

Y, sin embargo, si le pidiéramos a la mayoría de los líderes empresariales en esta sala que señalaran la estrategia que produjo ese crecimiento, el plan que alguien diseñó y ejecutó deliberadamente, la mayoría tendríamos que hacer una pausa.

Porque la verdad honesta es esta: una parte significativa de nuestro crecimiento ha sido producto de la geografía, la suerte y las circunstancias, pero también del sueño y la determinación de quienes vieron antes que otros lo que este país podía ser.

Nuestras playas siempre estuvieron ahí, sí, pero hubo que creer en ellas, invertir en ellas y, sobre todo, construir un marco que hiciera viable esa visión. Se impulsaron leyes, incentivos y esquemas de colaboración público-privada que en su momento parecían demasiado ambiciosos, incluso innecesarios para algunos. Hubo que insistir, convencer y persistir hasta lograr que las autoridades acompañaran una apuesta que no todos entendían.

Luego vinieron las circunstancias recientes: la pandemia envió turistas en busca de destinos abiertos y nos encontraron. Nada de eso disminuye lo que hemos construido. Pero sí plantea una pregunta que creo que ahora es urgente:

Si fuimos capaces de convertir un sueño en política, en inversión y en resultados… ¿por qué no estamos diseñando con la misma intención el próximo capítulo de nuestro crecimiento?

¿Qué ocurre cuando la próxima fase del crecimiento no puede ser accidental o claramente demostrable? ¿Qué ocurre cuando la ventana se abre no por lo que la naturaleza nos dio, sino por decisiones tomadas en Washington, Beijing y Bruselas y permanece abierta solo para los países que están genuinamente preparados para capitalizarla?

Hace doce años, en este mismo salón, siendo presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana parafraseando a Shakespeare, dije que el dilema de la sociedad dominicana era ser o no ser una economía industrializada. Pedí que apostáramos por la manufactura como motor de cohesión social. Pedí que ajustáramos el rumbo y aceleráramos los cambios. Hoy vuelvo a este mismo foro.

Y vengo a decirles que no estábamos equivocados en 2014.

Por qué este momento es estructuralmente distinto a cualquier otro que hayamos vivido

Permítanme recordarles lo que está ocurriendo globalmente, porque el contexto importa enormemente para lo que quiero decir después.

En abril de 2025, la administración Trump impuso aranceles sobre las mercancías de prácticamente todos los países del mundo. China recibió un 145%. México y Canadá, un 25%.

La República Dominicana recibió un 10% el nivel más bajo- y aun así llegó como una sorpresa considerando que el DR-CAFTA nos había dado acceso preferencial durante casi dos décadas.

Con una orden ejecutiva, la arquitectura comercial que había

gobernado nuestra relación con Estados Unidos fue reescrita.

Pero esto es lo que la historia de los aranceles realmente significa para nosotros, si la miramos desde el ángulo correcto:

Una empresa llamada World Emblem, el mayor productor mundial de parches para ropa, que surte al Departamento de Seguridad Nacional, a UPS, a la NHL y a Levi’s, fabricaba el 65% de sus parches en Mé-xico. Cuando llegó el arancel del 25%, comenzaron a buscar alternativas.

Eligieron la República Dominicana. Ya están aquí.

No están solos. Las empresas estadounidenses que construyeron cadenas de suministro en China durante treinta años y luego las trasladaron a México en la última década, están haciendo el mismo cálculo por tercera vez. Y la República Dominicana, con un arancel del 10%, un puerto modernizado en Caucedo y, su ventaja geográfica, está en la lista de candidatos de una manera que nunca había estado.

Les doy una información clave que debería estar en la mente de todos en esta sala: en los primeros meses, tras el anuncio de los aranceles, empresas estadounidenses comenzaron a explorar activamente ubicaciones manufactureras en la República Dominicana a un ritmo sin precedente. La pregunta que se hace en las salas de juntas de Nueva York, Atlanta y Chicago es: ¿Por qué no estamos en la República Dominicana? 

Este es el momento. No la oportunidad que esperábamos algún día. La oportunidad. Ahora mismo.

Y si esta oportunidad pasa de largo, no será porque el mundo no nos miró. Será porque nosotros no estuvimos listos para responder.

Y aquí viene la pregunta incómoda de seguimiento:

No es retórica, es real. Si mañana en la mañana el CFO de una empresa manufacturera americana con mil empleos para reubicar llamara a su ministerio de industria y preguntara: “¿Por qué la República Dominicana?”, ¿qué respondería ese ministerio hoy? No lo que debería responder. Lo que respondería hoy.

Para que esta sala pueda responder esa pregunta, la del CFO americano, hay que poner sobre la mesa algo que todos conocemos, pero que rara vez decimos con claridad.

El modelo de crecimiento de la República Dominicana fue construido sobre apuestas deliberadas de gobierno a sectores específicos. El turismo recibió su apuesta con la Ley 158-01, CONFOTUR. Las zonas francas recibieron la suya con la Ley 8-90.

Ambos regímenes fueron diseñados como apuestas. Decisiones estratégicas de gobiernos que dijeron: “Si sacrificamos ingresos fiscales ahora, estos sectores crecerán, crearán empleos y el país estará mejor”. Si esto no lo dijeron: entonces volvemos a la teoría de que el país creció por accidente, o simplemente por la suerte de la alineación de los astros.

Lo cierto es que esas apuestas funcionaron. No voy a pretender lo contrario. El turismo ha transformado el país, estamos de moda y se ha logrado llamar la atención en el plano global. Las zonas francas han creado cientos de miles de empleos.

No estoy aquí para sugerir quitar lo que fue ganado. Quiero ser precisa sobre lo que estoy diciendo, porque esto no es una queja contra el turismo ni contra las zonas francas. Ellos ganaron sus incentivos. Lo que estoy pidiendo es que tengamos la conversación que ha sido evitada:

oscar familia

Si los incentivos fiscales selectivos crearon la industria turística, y los incentivos fiscales selectivos crearon el sector de zonas francas —ambos que celebramos— ¿por qué es políticamente impensable discutir políticas fiscales selectivas diseñadas para atraer manufactura nearshoring y desarrollo industrial en 2026?

Pero aquí es donde la aritmética es clara. Más del 50% de nuestra economía opera de manera informal y no tributa. El turismo y zonas francas tributan mínimamente bajo sus leyes de incentivos.

Eso deja al resto de la economía formal, el comercio, el sector financiero, y la manufactura local, cargando con el peso fiscal de un país de once millones de personas... Cada hospital. Cada carretera. Cada pensión.

Y, sí, existe la Ley 392-07 de Competitividad e Innovación Industrial, PROINDUSTRIA. Pero siendo franca: requiere umbrales de rentabilidad que pocas empresas alcanzan, y en la práctica son muy pocas las que realmente la utilizan.

No llega a la vara de lo que la manufactura local necesita para competir en las mismas condiciones que los sectores que recibieron su apuesta. Es una ley que por sus requisitos de desempeño no permite que medianas y pequeñas empresas logren insertarse en ella.

Y, sin embargo — y esto es lo que quiero que esta sala escuche con aten-ción — a pesar de esa asimetría, la manufactura local dominicana está exportando. Las exportaciones nacionales fuera de zona franca alcanzaron aproximadamente siete mil cuatrocientos cinco millones de dólares en 2025. Las exportaciones de manufactura local crecieron un 36%, mientras que las exportaciones de zonas francas solo obtuvieron un 0.6% de crecimiento.

Eso no es un argumento gremial. Es un argumento país. Porque cuando un fabricante americano evalúa instalar manufactura en la República Dominicana, no necesariamente quiere operar en zona franca. Quiere encontrar un ecosistema local — proveedores, talento, cadena de valor — que ya funcioné. La evidencia dice que ese ecosistema existe y está creciendo. Lo que le falta es el respaldo de política pública que les dimos a otros hace décadas.

Costa Rica entendió esto. Cuando Intel llegó por zona franca en 1997, el gobierno creó el programa Encadenados para construir proveedores locales alrededor del ancla. Para 2004, Intel tenía 460 empresas costarricenses en su cadena de suministro.

Hoy Costa Rica exporta más de nueve mil millones de dólares al año en dispositivos médicos.

Las zonas francas son la puerta. El ecosistema local es la casa. Nosotros tenemos la puerta. Nos falta construir la casa.

El momento lo exige. Los datos lo respaldan. La ventana geopolítica lo requiere.

En 1992, una reforma fiscal y laboral que parecía imposible se concretó porque el sector público y privado se sentaron en la mesa con

honestidad. A finales del 2024, escribí un artículo en el Listín Diario, cuando el proyecto de ley de modernización fiscal del gobierno fue al Congreso en gran medida sin debate público. Se volvió viral. No porque yo sea particularmente influyente, sino porque dije lo que miles de personas en el sector privado estaban pensando y no se habían atrevido a decir en voz alta.

Fuimos testigo de cómo la sociedad civil, amas de casa, la gente de cualquier rama, fue al Congreso a plantear sus argumentos en contra. La reforma fue RETIRADA. Ese momento probó algo que quiero que esta sala internalice: Cuando el sector privado usa su voz de manera colectiva y clara, los gobiernos escuchan. No porque los políticos se iluminen de repente.

Sino porque el costo político de ignorar a un sector privado unificado es mayor que el costo político de negociar con él.

Probamos que podíamos detener algo. Ahora necesitamos probar que podemos construir algo. Porque detener es fácil cuando hay un problema claro. Construir requiere decisión, coordinación… y asumir costos en el corto plazo para beneficios en el largo plazo.

Quiero aclarar que este no es un discurso en contra del Gobierno ni de otros gobiernos, pero creo de extrema relevancia que estemos conscientes de nuestras fortalezas y debilidades.

Dicen que para abordar la Inteligencia Artificial debemos darle el contexto mientras más amplio mejor, eso justamente es lo que acabo de hacer ahora.

Permítanme ahora plantearles concretamente lo que a mi entender son las tres brechas estructurales que separan a la República Dominicana para atraer el nearshoring y ser la respuesta obvia cuando una empresa estadounidense decide mover capacidad fuera de Asia o México. Las llamo brechas no porque sean insalvables, sino porque son problemas reales con nombre, no abstractos.

La primera brecha no es tecnológica. Es de credibilidad.

La conversación sobre tecnología en nuestro entorno ha sido, en gran medida, aspiracional. Pero lo que está ocurriendo en los procesos reales de decisión de inversión es otra cosa.

La tecnología dejó de ser una herramienta de eficiencia. Se ha convertido en un filtro de entrada. Esto cambia completamente la naturaleza del desafío. Porque ya no se trata de modernizar empresas individuales. Se trata de algo mucho más exigente: construir capacidad tecnológica a ni-vel de ecosistemas.

Y ahí es donde hoy tenemos una brecha real. Mientras el mundo acelera su transformación tecnológica, en la República Dominicana enfrentamos un retroceso sostenido en indicadores clave de innovación.

Hoy ocupamos el puesto 97 de 133 en el Índice Global de Innovación, y el 13 de 20 en nuestra región. No estamos estancados; estamos perdiendo terreno en pilares críticos como la sofisticación empresarial y la producción de conocimiento. México ocupa el puesto 58 en el índice, Colombia el 71 y Costa Rica el 72.

Ninguno llegó ahí por casualidad. Como vemos, se trata de construir una base sólida de innovación para el desarrollo. Contamos con una Política Nacional de Innovación 2030 desde 2021. Es un paso importante. Pero sin una hoja de ruta clara, con metas medibles, responsables definidos y mecanismos de seguimiento, una política no es estrategia; es aspiración.

Y esto no es solo un tema sectorial; impacta a toda la economía: desde la manufactura hasta los servicios, desde las MIPYMES hasta el sector público. Porque al final, mayor competitividad se traduce en crecimiento económico, empleos de calidad, mejores salarios y una sociedad con más oportunidades.

La segunda brecha no es solo energía. Es competitividad pura.

Hoy el tema energético es uno de los principales obstáculos a nuestra competitividad. No solo por el costo, sino por algo más profundo: la confiabilidad, la estabilidad y la capacidad de planificar. Para cualquier empresa que evalúa invertir, la energía no es una variable más; muchas veces es la que define si el proyecto ocurre… o no. Y en muchos casos, esa variable está jugando en contra de la República Dominicana.

Tenemos ventajas naturales evidentes: alta radiación solar, recursos eólicos relevantes y acceso a financiamiento internacional diseñado para acelerar la transición energética. Sin embargo, nuestra matriz sigue anclada en el pasado. Entre septiembre y diciembre del 2025, el 75 % de la generación provino de fuentes fósiles y apenas un 25 % de renovables.

¿Qué se necesita? Reglas claras y estables que generen confianza, una apuesta decidida por diversificar la matriz con energías limpias, y la capacidad de movilizar financiamiento a escala para acelerar esa transición. Pero, sobre todo, entender que la energía es un componente esencial de la vida nacional, base del desarrollo productivo, la estabilidad social y la calidad de vida, y, que, como tal, no puede ni debe ser utilizada como herramienta política.

También implica un cambio cultural: educar a la población sobre el valor real de la energía. No es una concesión ni una caridad; es un servicio que debe ser pagado para poder sostenerse, mejorar su calidad y garantizar su continuidad.

Pero esto no es solo tarea del sector público. El sector privado tiene que asumir un rol más estratégico. No basta con señalar el problema; es momento de impulsar una agenda energética país, con visión de competitividad, que articule alianzas y acelere decisiones.

Sin esa corresponsabilidad, cualquier esfuerzo de transformación del sector quedará limitado.

La tercera brecha no es solo educación. Es tiempo

En 2014, en este mismo foro, incluí la educación como una de las condiciones esenciales para una política industrial exitosa. Doce años después, esa urgencia no solo se ha multiplicado.

El mundo está rediseñando, en tiempo real, cómo se forma el talento técnico. Y es clave entender la naturaleza del desafío porque no estamos frente a una brecha de infraestructura. Estamos ante una brecha de velocidad.

Un sistema educativo que no puede adaptarse al ritmo del mundo que pretende servir, termina formando talento para la economía de ayer, no para la de mañana.

Ciertamente, necesitamos una reforma de fondo. Los resultados de PISA han sido un recordatorio constante de nuestras debilidades. Pero esa transformación es, por definición, un proyecto de mediano y largo plazo. Y hoy enfrentamos una urgencia distinta, inmediata: necesitamos talento capacitado para habilitar el nearshoring.

No habrá nearshoring que nos salve si no contamos con el talento capaz de operar la manufactura avanzada que el mundo exige.

Necesitamos talento técnico, bilingüe y certificado. Y esto implica repensar cómo formamos a la gente. No desde la oferta, sino desde la demanda.

En lugar de transformar currículos completos, podemos impulsar masivamente certificaciones de actores globales como Google, Microsoft, Amazon Web Services, Cisco o HubSpot.

Impulsar la alfabetización digital. Esto puede integrarse incluso en programas sociales o de formación comunitaria.

Ahora bien, es importante ser claros: Estas acciones no corrigen el sistema educativo. Pero sí crean “islas de eficiencia” dentro de un sistema imperfecto.

Todo esto no es solo una oportunidad para el sector industrial. Es una oportunidad para todo el ecosistema económico del país. Porque las cadenas de valor no se construyen solas. Se diseñan, se articulan y se ejecutan.

No quisiera que salgamos de esta sala con un diagnóstico claro, pero sin una dirección común. Más que enumerar tareas, lo que propongo es que identifiquemos con honestidad y sentido de país dónde deben concentrarse nuestros esfuerzos en los próximos 24 meses.

Primero, el nearshoring no puede seguir siendo una conversación dispersa. Existe una oportunidad real de posicionar a la República Dominicana como una alternativa estratégica en la relocalización de manufactura global. Pero eso requiere articulación: una coordinación efectiva entre sectores, con metas claras, seguimiento y una narrativa país coherente que conecte inversión, competitividad y confianza.

Las instituciones aquí representadas tienen la capacidad y diría que la responsabilidad de liderar ese esfuerzo.

Segundo, la adopción tecnológica, particularmente en inteligencia artificial, no puede quedarse en el plano conceptual. La competitividad industrial del país dependerá de nuestra capacidad de incorporar herramientas que aumenten productividad y eficiencia. Esto implica pasar de la conversación a la implementación, generando mecanismos que permitan que esa transformación llegue al piso de fábrica y no se quede en presentaciones.

Tercero, el tema energético sigue siendo una de las variables más determinantes de nuestra competitividad. El marco existe, las relaciones están, y las oportunidades también. Lo que hace falta es activar de manera más decidida iniciativas que nos permitan avanzar hacia una matriz más eficiente y sostenible, alineando intereses públicos y privados en una agenda común.

Y cuarto quizás lo más importante, debemos comenzar desde ahora a construir una visión de mediano plazo que trascienda ciclos políticos. El país ha demostrado que, cuando existe un marco compartido entre sectores, las transformaciones son posibles.

Hoy necesitamos volver a hacer ese ejercicio: definir con claridad hacia dónde queremos llevar nuestro desarrollo industrial y productivo, y cómo asegurar que esa visión tenga continuidad.

Porque si dentro de dos años seguimos teniendo esta misma conversación, no será por falta de información. Será porque no tomamos las decisiones que sabíamos que teníamos que tomar.

He tenido el privilegio de liderar Grupo SID una empresa con casi noventa años de historia, desde 2015. En ese tiempo, hemos enfrentado contextos complejos y cambiantes, y hemos aprendido que la resiliencia es una fortaleza. Pero también que no es suficiente.

Porque la resiliencia nos permite sostenernos. La estrategia, en cambio, es la que nos permite avanzar.

Nuestra propia historia nos enseña que las oportunidades no se materializan solas. Se trabajan, se construyen y se ganan. Y si algo hemos procurado en este tiempo es no conformarnos con lo que somos, sino prepararnos para lo que queremos ser.

Durante los últimos 5 años, en Grupo SID hemos invertido más de 180 millones de dólares en infraestructura, tecnología, y capacidad productiva. Operamos 22 plantas de manufactura y 11 centros de distribución. Trabajamos con más de 1400 proveedores de los cuales el 76% son locales. Hemos invertido más de 358 mil horas en capacitación, otorgado más de 700 becas apostando por el desarrollo de nuestro talento. En adición, hoy exportamos a 22 países movilizando más de 32 mil toneladas métricas solo en el 2025.

Y hemos avanzado en sostenibilidad, reduciendo emisiones, y apostando por energía más limpia. Esto no como tendencia sino como compromiso. Porque entendemos que dar el ejemplo también construye país.

Al final, el verdadero legado no es lo que heredamos, sino lo que somos capaces de transformar y multiplicar. Y en ese espíritu, no puedo evitar pensar parafraseando a Martin Luther King Jr., que todo gran avance comienza con la capacidad de imaginar un futuro distinto.

La pregunta es si hoy, frente a esta ventana de oportunidad, somos capaces de vernos dentro de ese sueño. La ventana está abierta, no la construimos nosotros. Pero si no entramos, tampoco podremos decir que no la vimos. La historia no va a recordar a quienes analizaron esta oportunidad desde la distancia. Va a recordar a quienes decidieron actuar… y a quienes decidieron solo observar.

Hoy, nuevamente, hay un trabajo que hacer. Hagámoslo por la República Dominicana.

REFERENCIAS

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Presidencia de la República Dominicana. (2025, diciembre 30). Energía y Minas asegura que el país registró avances significativos en el sector durante 2025. https://presidencia.gob.do/noticias/energia-y-minas-asegura-que-el-pais-registro-avances-significativos-en-el-sector-durante

Presidente Ejecutiva de Grupo SID