Las recientes declaraciones del ministro de Cultura cuestionaron el origen del Gagá y, de paso, enfatizaron las prioridades nacionalistas de su atención y de la “dominicanidad” que dice proteger.

Dado que sus decisiones hostiles al Gagá son tajantes, nos lleva a pensar en qué método de medición se basan sus preferencias. Si partimos de la importancia, para un país, de su cartera ministerial (Cultura es todo lo que subsiste cuando hemos olvidado los detalles, según la fórmula de Key), imaginamos que un robusto equipo de científicos sociales habrá diseñado rigurosos instrumentos para la recopilación y análisis de evidencia empírica, con los cuales el ministro formula sus políticas públicas.

Quizás exista en el Ministerio de Cultura un dominicanómetro que mida con exactitud qué es y qué no es dominicano. No lo sabemos. Lo que sí aseguramos es que tal dispositivo sería una invención con antecedentes poco gloriosos en la historia universal. Ante la obsesión oficial del momento, y ahora que inicia un proceso nacional de cedulación, nos preguntamos: ¿Nos harán preguntas de seguridad sobre la mentada dominicanidad? Por cómo van las cosas, ojalá no se le ocurra a ningún creativo exigirnos que pronunciemos, como en aquel triste pasado, la palabra “perejil” para recibir el documento de identidad.