Golpe histórico al narcotráfico
La lucha contra el narcotráfico en la República Dominicana tiene hoy un antes y un después. Y ese punto de inflexión inicia en 2020, con la llegada al poder del presidente Luis Abinader. En apenas cinco años, el país ha ejecutado la mayor ofensiva antidrogas de su historia, con cifras que superan ampliamente las registradas en los dieciséis años anteriores.
Según datos oficiales, entre 2020 y 2025 las autoridades dominicanas han incautado más de 230 toneladas de drogas, principalmente cocaína, marihuana y sustancias sintéticas. Solo en cocaína, los decomisos alcanzan niveles históricos, consolidando a la República Dominicana como uno de los países más activos en interdicción de narcóticos en el Caribe. Estas cifras colocan la lucha contra el narcotráfico como uno de los ejes centrales de la política de seguridad nacional.
La transformación tiene un componente operativo clave: el fortalecimiento de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), dirigida por el vicealmirante José Manuel Cabrera Ulloa. Bajo su gestión, se han ejecutado miles de operativos conjuntos, ampliado la capacidad de inteligencia y modernizado los mecanismos de interdicción en puertos, aeropuertos y costas. El combate al narcotráfico dejó de ser reactivo para convertirse en una estrategia preventiva y ofensiva.
Pero no se trata solo de incautaciones récord. La política antidrogas del gobierno de Luis Abinader ha incrementado significativamente las extradiciones hacia los Estados Unidos y otros países, así como los sometimientos a la justicia por delitos de narcotráfico y lavado de activos. Golpear las finanzas del crimen organizado y judicializar a sus cabecillas forma parte de una visión integral de seguridad.
La cooperación entre Estados Unidos y República Dominicana ha sido determinante. El intercambio de inteligencia en tiempo real, las operaciones conjuntas y el apoyo técnico han elevado la capacidad de respuesta frente a redes criminales transnacionales. Autoridades estadounidenses han reconocido el compromiso dominicano en la lucha contra el narcotráfico internacional, destacando el impacto regional de estas acciones.
El resultado es claro: la República Dominicana ha pasado de ser considerada un simple punto de tránsito a convertirse en un actor estratégico en la seguridad hemisférica. Más decomisos significan menos droga circulando en mercados internacionales y menos recursos para estructuras criminales. Significa también mayor credibilidad institucional.
El contraste con períodos anteriores es evidente. Durante años, la lucha contra el narcotráfico enfrentó cuestionamientos sobre su efectividad. Hoy, las cifras hablan por sí solas. Más de 230 toneladas de drogas incautadas en cinco años no son un dato menor; representan un récord histórico y una señal firme de que existe voluntad política para enfrentar el problema sin ambigüedades.
La seguridad nacional no se construye con discursos, sino con resultados tangibles. La ofensiva antidrogas del gobierno de Luis Abinader ha colocado a la República Dominicana en el centro de la cooperación internacional contra el narcotráfico. El desafío continúa, porque el crimen organizado evoluciona constantemente, pero la postura del Estado dominicano es clara: tolerancia cero.
Este impulso requiere continuidad institucional, inversión tecnológica sostenida y transparencia pública permanente, para garantizar que cada operación fortalezca la confianza ciudadana y debilite las redes criminales en todos los niveles del territorio nacional, desde comunidades costeras hasta grandes centros urbanos, sin retrocesos ni concesiones para el futuro seguro del país.
En materia de lucha contra el narcotráfico, las cifras derrotan el discurso. Y hoy, esas cifras colocan al país ante una nueva realidad de autoridad, coordinación y reconocimiento internacional.

