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La virgen de la Altagracia

La patrona del pueblo dominicano es la Virgen de la Altagracia, cuyo Santuario levantado en Higüey se ha convertido en un centro de peregrinación de los dominicanos, quienes van a hacer sus peticiones y promesas o van agradecidos cuando sus súplicas son convertidas milagrosamente en realidades.

La imagen llegó a la isla de Santo Domingo en 1502, traída por los hermanos Alfonso y Antonio Trejo, desde Plasencia, Extremadura, España.

La historia cuenta que la imagen estaba en la casa de los Trejo y desapareció, reapareciendo a los pies de un naranjo en Higüey. Fue devuelta a la casa y volvió de nuevo a aparecer en el mismo naranjo. Esto pautó el lugar donde debía erigirse su Santuario, construyéndose el Templo de San Dionisio.

El templo fue ordenado por el primer obispo de Santo Domingo, Fray García de Padilla, el 12 de mayo de 1512, pero su construcción no inició hasta 1567 y terminó en 1572, cuando el templo fue consagrado por el arzobispo Fray Andrés de Carvajal.

El 21 de enero de 1691 ocurrió la Batalla de la Sabana Real de la Limonade donde el ejército español venció al francés.

Una hora después de iniciada la batalla, los lanceros higüeyanos subieron por atrás de la loma de Duclée, sorprendieron y eliminaron la plana mayor de los franceses. Al ver esto, las tropas francesas rompieron fila y huyeron.

Un año después, el 21 de enero de 1692, los lanceros que participaron en esa batalla fueron a agradecer a la Virgen de la Altagracia, ya que entendían que por su intercesión salieron milagrosamente ilesos del combate. Por esta razón, desde 1692 la conmemoración de la Virgen empezó a celebrarse los 21 de enero.

El 7 de septiembre de 1808 aconteció la Batalla de Palo Hincado. Tres días antes, Juan Sánchez Ramírez fue a encomendarse a la Virgen de Altagracia. Su triunfo se lo agradeció a nuestra Patrona.

Al arengar las tropas, Sánchez Ramírez concluyó con la famosa frase: “Pena de la vida al que volviere la cara atrás, pena de la vida al tambor que tocare retirada, y pena de la vida al oficial que lo mandare, aunque sea yo mismo”.

En el año 1897, a pedido de monseñor Meriño, la Santa Sede le concedió a la Altagracia su propio “Oficio Divino y Misa”. En 1924, el presidente Horacio Vásquez declaró el 21 de enero como “Fiesta Nacional”.

El 21 de enero de 1952, Monseñor Eliseo Pérez Sánchez puso la primera piedra sobre la que se erigió la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, la cual fue diseñada por los arquitectos franceses André-Jacques Dunoyer de Segonzac y Pierre Dupré. Este Santuario fue inaugurado en 1971 por el presidente Joaquín Balaguer, siendo declarada el 17 de octubre de 1971 por el papa Paulo VI como “Basílica menor”.

¡Que la Virgencita de la Altagracia nos siga bendiciendo con su gracia, milagros y protección! Amén.

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