SIN PAÑOS TIBIOS

El Efecto Enero

De una u otra forma, todos los pueblos son chovinistas. Eso de creerse únicos, especiales o diferentes a los demás, es una constante universal, quizás vinculada al propio instinto de supervivencia individual, extrapolado a lo colectivo.

A medida que el peso de la sociedad se impone sobre el individuo, la única forma de salvar “algo” de la propia identidad es fundiéndola en la sociedad –el Volksgeist alemán, por ejemplo–. Así, de esa forma, al defender la unicidad de la nación de la cual se forma parte, se reivindica la individualidad.

Por eso, sin importar que los motoristas, sonateros (sobre todo los de color naranja, esos son los peores), guagüeros, patanistas, y los inefables deliberys, hacen lo que les da la gana sin que la “autoridad” haga algo (las comillas son mandatorias); a pesar de que todos decimos que este país se embromó (con J); de que somos maleducados, chismosos, lleva vidas, bullosos e irrespetuosos; a pesar de todo lo malo que como nación, Estado, gobierno o sociedad podamos mostrar; a pesar de ello, estamos absolutamente convencidos de que este es el mejor país del mundo.

Eso explica porque los que migran no rompen los lazos, todo lo contrario. Porque el que se fue no se fue, y siempre vuelve… aunque sea de visita. Porque exaltamos –Urbit et Orbi– nuestras bondades culinarias, artísticas, geográficas, como exclusivas; como si acaso muchas de ellas no fueran comunes a buena parte del Caribe. Así, estamos convencidos que el mejor café, las mejores playas, los mejores ríos, el mejor chicharrón, el mejor casabe, el mejor arroz con habichuela y fritos verdes (¡y aguacate!), etc., son los de aquí.

Vamos, que en algunas cosas sí que somos los mejores, y en otras –como tener la Biblia en el escudo–, los únicos. Quizás la lógica darwinista de la supervivencia del más fuerte se extrapola a los pueblos también, el problema es que llevada al extremo, la lógica del darwinismo social puede tener resultados mortíferos. Por eso hay que tener cuidado con el nacionalismo cuando abreva en el chovinismo, porque puede convertirse en algo peligroso al generar una sensación de exclusividad colectiva que nos separa (y nos eleva) de los otros pueblos.

En un planeta llamado Tierra, todos estamos interconectados, vinculados y somos interdependientes los unos de los otros, por muy elegidos por Dios que se crean algunos pueblos. Y es bueno recordar eso en este último viernes de un año que se acaba, porque a estas fechas todo se quedó para enero, y los días entran en una inercia en la que nada fluye y todo es un vivir y respirar… y poco más. Lo del decrecimiento de la productividad y las agresiones hepáticas van de la mano. No se si en eso verdaderamente somos diferentes (en algo tenemos que serlo), pero al menos, así lo vivimos. 

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