VIVENCIAS

Cuando Dios besa el alma

El documental El Beso de Dios ayuda a comprender algo ya intuido: la Eucaristía no es un rito vacío ni un simple símbolo. Es el lugar donde Dios besa el alma, consume las sombras y da un corazón nuevo. Misterio que no envejece ni se agota; cada Misa es única, siempre viva. El cielo allí se abre para abrazar la tierra y Dios atrae desde dentro, preparando, examinando, purificando lo más íntimo del ser. En la Misa se percibe cómo el Señor se hace presente, como si colocara el “pectoral del juicio” para mostrar la verdad sin máscaras. Cada detalle se vuelve una catequesis viva, recordando lo que dice el apóstol Pablo: Jesús se ofreció una vez para siempre, y en cada Eucaristía ese sacrificio se actualiza.

En el ofertorio se pone la vida sobre el altar: dolores, traiciones, vacíos. Allí ocurre un milagro silencioso; lo que no se ofrece se pierde, por eso nada se guarda. Es una zarza ardiente que invita a quitarse las sandalias del egoísmo y dejar que Él transforme. Al comulgar, se recibe el gran beso de Dios, que abraza la miseria con su misericordia y regala un corazón más libre. Cada comunión es una Pascua, un paso de muerte a vida, porque Jesús está vivo y dice: “Yo soy la resurrección y la vida”.

No se está a la altura, pero allí se permanece cada día, sabiendo que la Misa no termina y que esa paz se lleva al mundo. Se podría decir que se ha gustado el amor sin límites de Dios, y que solo en Él la vida encuentra su verdadero sentido.

Tags relacionados