Ideando

¿Quién tiene la última palabra?

Para el poeta, para el músico, para el pintor, para cualquier artista, sus obras no dependen de nadie para que existan. Nacen bautizadas por el juicio estético de su autor.

Ellas viven más allá de las críticas y de los pareceres técnicos e ideológicos de los expertos.

No ocurre así con los creativos publicitarios. Su trabajo, sus creaciones, siempre están supeditadas a la valoración, muchas veces caprichosa, de alguien ajeno al proceso creativo de su autor.

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