enfoque: Política
Que haya suerte
Es imposible no contagiarse del entusiasmo general en España por comprar lotería para el sorteo de Navidad. Por mucho que la estadística indique lo improbable que es ganarse el millonario premio “Gordo”, al menos una vez al año los españoles se unen en el anhelo de que hay que probar suerte y que el 22 de diciembre del bombo salga ese número premiado que puede dar un giro inesperado a la vida.
Me acerco a uno de los estancos de Lotería y Apuestas del Estado en Madrid (una parte de lo que recauda se destina a entidades sin fines de lucro) y la cola es larga. Delante de mí hay dos muchachas que revisan los billetes de la lotería de Navidad que se exhiben en el tablón del establecimiento. Casi todos son números escogidos por los distintos departamentos del Hospital Infantil del Niño Jesús, situado en la vecindad: oncología, traumatismo, cardiología, cirugía. Seguramente las jóvenes son enfermeras o médicos del hospital público donde se trata a niños con cáncer, enfermedades raras o se les somete a operaciones delicadas en sus pabellones modernizados desde que se inauguró en 1881 para atender todas las necesidades pediátricas.
Las dos chicas repasan las distintas combinaciones de números y hay algunas que les gustan más que otras, sin atender a razones que no sean las puramente mágicas que nuestra imaginación favorece. En un momento dado se abrazan y una de ellas exclama: “Es bueno el abrazo porque produce oxitocina”. Concluyo que trabajan en el área científica y son conocedoras de las propiedades de esta hormona que produce el apego. El poder empático de ellas llega hasta mí (y posiblemente espolvorea a todos los que aguardan su turno) porque no puedo evitar preguntarles qué número les gusta más de los dos décimos por los que no acabo de decidirme cuál elegiré. Serán ellas quienes escojan por mí porque, puestos a jugar con el azar, quiero pensar que su júbilo y su vínculo con una institución que lucha cada día por salvar las vidas de los niños atraerán la buena suerte. De hecho, haberme tropezado con sus risas es ya un hecho feliz. Las dos se inclinan por el número más raro, si es que tiene alguna lógica pensar que hay números más agraciados que otros, y les hago caso.
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