El Taíno: en la Zona Colonial, un centro cultural fascinante
La conducta biológica y humana común es procurar permanencia y gratificaciones. Satisfacciones a los intereses, vocaciones y visiones propios. O actuar procurando ventajas exclusivas, participando en lo que renta. Para hacerlo, cada individuo o grupo social, desde sus roles íntimos o familiares, públicos o corporativos, activan estrategias y realizan actividades relacionadas a sus vocaciones y fortalezas.
Sin embargo, cuando la gente o las instituciones se mueven procurando satisfacciones y auto percepciones derivadas del beneficio que a favor de otros construyen, sean personas, comunidades o naciones enteras, estamos frente a una conducta altruista. También frente a una propensión a la realización que se logra facilitando la de otros, característica distintiva de las personas y entidades socialmente constructoras.
Desde que Elinor Ostrom publicara, en 1990, sus consideraciones y estudio sobre el gobierno de los bienes comunes, el tema de regular los modos, vías y dimensiones válidos para garantizar el uso común de lo colectivo adquirió relevancia y cifró en regulaciones que vinieron a perfilar los aspectos fundamentales que el Estado social se obligaba a garantizar a favor de los ciudadanos.
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