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Internacional

Balones contra la xenofobia

Al comenzar a escribir este artículo, Europa vive con entusiasmo los días previos a la final de la Eurocopa, en la que la Selección de España se enfrentará a la de Inglaterra, tras vencer esta última a Países Bajos con un gol definitivo del británico (con raíces jamaiquinas) Ollie Watkins. Todavía resuena el prodigioso gol del español Yamine Lamal que contribuyó a la derrota de la Selección francesa, cuyo capitán, el galo Kylian Mbappé, no pudo ocultar su profunda decepción al resultar eliminados.

Son las hazañas que elevan un torneo que por unas semanas une a los forofos del fútbol, pero este año el deporte no ha sido ajeno a los acontecimientos que sacuden Europa. Francia ha estado sumida en una crisis política que llevó al presidente Emmanuel Macron a disolver la Asamblea General y convocar elecciones legislativas. Su estrategia era la de frenar el avance del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional (RN), liderado por Marine Le Pen, y lo logró mediante una coalición que unió a centristas, socialdemócratas y la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon. El reto que ahora tienen es el de formar gobierno a pesar de sus diferencias ideológicas. Antes de la primera consulta en las urnas, Mbappé, un verdadero ídolo en Francia, advirtió sobre la “catástrofe” que significaría el eventual triunfo del lepenismo, cuya agenda incluye severas políticas migratorias que rozan la xenofobia; Mbappé fue meridiano al referirse a los populismos que han cobrado fuerza en la región: “Los extremos están llamando a la puerta del poder”, y reiteró la importancia de salir a votar. Por su inmensa popularidad, sus palabras tuvieron eco.

Antes de que RN perdiera en segunda vuelta contra el muro de contención del denominado Frente Republicano, Le Pen no disimuló su disgusto por el activismo del astro del fútbol, conminándolo a limitarse a patear el balón y no meterse en política. Tal vez la mayor mortificación de la hija del fundador de RN, Jean-Marie Le Pen, es producto del hecho de que Mbappé, nacido en un barrio periférico de París, es hijo de un camerunés y una argelina. O sea, sus padres son naturales de antiguas colonias francesas. Sus dos hijos, Kylian, y su hermano menor, Ethan, son estrellas del fútbol nacional y forman parte de la cantera infinita de hijos de inmigrantes que juegan en selecciones europeas, en las que el mestizaje es otra prueba más de la diversidad de la que se compone Europa.

Mbappé no ha sido el único ni el primer futbolista francés en denunciar el peligro que representa el incuestionable avance de la ultraderecha nacionalista. En el pasado, otras leyendas del deporte nacional se han pronunciado en contra del RN. Zinedine Zidane (nacido en Francia de padres argelinos) también se enfrentó a Marine Le Pen y en esta Eurocopa los compañeros de Mbappé suscribieron el llamamiento de su capitán, mostrándose solidarios con la aportación de los jóvenes inmigrantes que logran superar adversidades y destacan en el mundo del deporte y otros ámbitos profesionales.

El ejemplo en España del jovencísimo Lamal, quien a sus casi 17 años se ha convertido en el goleador más joven de una Eurocopa, fascina al imaginario colectivo. El padre del delantero del F.C. Barcelona es un inmigrante de Marruecos y su madre es de Guinea Ecuatorial, antigua colonia española. Este precoz adolescente, nacido en Cataluña, se siente orgulloso del barrio obrero y multicultural del municipio de Mataró (Barcelona) en el que creció. La afición de sus padres por el fútbol viene de lejos, pues se han hecho virales las fotos de hace 16 años de un veinteañero Leo Messi (cuyos inicios también fueron con el FC Barcelona), posando junto a un bebé (Lamal) para un calendario con fines benéficos en conjunto con UNICEF. En algunas de las imágenes aparece sonriente la madre del futuro niño prodigio del fútbol al lado del futbolista argentino, antes de que Messi hiciera historia como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

Actualmente, en la Selección española también destaca Nico Williams, cuyos padres, de ascendencia ghanesa, en 1994 cruzaron el desierto del Sáhara antes de saltar la valla en Melilla (territorio español en la frontera norte con Marruecos) en busca, como la mayoría de los inmigrantes, de una vida mejor en la próspera Europa. Fue gracias a las gestiones de la organización católica Cáritas que la pareja evitó ser deportada y se estableció en Pamplona, donde nació Williams, hoy jugador del Athletic de Bilbao. La historia de su familia es una más de las muchas que ilustran el esfuerzo y el sacrificio de familias que se insertan al tejido social y laboral de los países a los que emigran. Sus ejemplos desafían la narrativa alarmista de los partidos de ultraderecha en España que, siguiendo la falsaria estela trumpista en Estados Unidos, pintan un alarmante panorama de inseguridad ciudadana supuestamente a causa de los flujos migratorios (han llegado a referirse a “estercoleros multiculturales”) que no se corresponde con la verdadera situación del país.

Cuando usted lea esta columna, seguramente ya se sabrá si España o Inglaterra se alzó con la codiciada Eurocopa en el Estadio Olímpico de Berlín, tras un partido librado con jugadores de todas las nacionalidades, colores y orígenes. Un dato a tener en cuenta: en esta Eurocopa hay 82 futbolistas nacidos en países distintos a los que representan. Es el reflejo de una realidad multicultural que empequeñece los trasnochados paternalismos que persisten como la mala hierba. A estas alturas, nadie puede pretender parar los balones que le meten un gol a la xenofobia. [©FIRMAS PRESS]

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