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Enfoque: Internacional

Tormentas en Miami: El cambio climático

Llueve torrencialmente en Miami mientras escribo este artículo. Llueve sin parar desde el martes 11 de junio, a toda hora, sin que salga el sol, el cielo totalmente encapotado, y hasta el fin de semana no habrá un respiro.

Se han emitido alertas de inundaciones, decenas de vuelos se han cancelado o retrasado en el Aeropuerto Internacional de Miami, y el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, declaró un estado de emergencia para los condados de Broward, Collier, Lee, Miami-Dade y Sarasota. Las fuertes lluvias, dijo el gobernador, han afectado la capacidad operativa de infraestructuras importantes.

Es deprimente para los que, como yo, nos mudamos a Miami en busca de la playa, el mar, el sol, la vida al aire libre. Lamentablemente, estos períodos de inclemencia del tiempo serán cada vez más frecuentes.

El calentamiento global cambiará y empeorará el clima: más lluvias perennes, más huracanes, más inundaciones, más subida del nivel del mar.

La Florida, especialmente el sur de la península, es uno de los lugares más vulnerables del mundo al impacto del cambio climático. Los científicos han calculado que alrededor del año 2100, el tercio inferior de la Florida estará bajo el agua. Esa área abarca los Cayos de la Florida, incluido el idílico e histórico Cayo Hueso, y la mayor parte de Miami, empezando por la hermosa y vibrante ciudad costera de Miami Beach, donde los hoteles y los edificios residenciales se alzan junto a la extensa playa.

Mucho antes de ese desastre dentro de unos 70 años, la región amenazada de la Florida comenzará a sentir con más rigor los efectos de la crisis del clima. Tan pronto como en 2025, es decir, el año próximo, varias carreteras de los Cayos de la Florida podrían estar bajo el agua.

Según los pronósticos de los expertos, las tormentas en Miami serán más fuertes y frecuentes, al igual que las sequías. Para el año 2050, se calcula que el nivel del mar aumentará unos 30 centímetros. Cuando eso ocurra, más del 60 por ciento de los canales que cruzan la metrópoli floridana no darán abasto para drenar el agua de lluvias intensas y tormentas. En algunas zonas de la ciudad, el agua cubrirá las calles.

Todo indica que en este momento, no podemos detener la subida del nivel del mar. Nos hemos descuidado, hemos sido negligentes, y grandes intereses particulares han intentado negar o minimizar el impacto del calentamiento global. Pero todavía no es tarde para limitar los daños, frenar la invasión del océano y quizá más tarde revertir efectos del cambio climático. El Acuerdo de París, cuyo objetivo es evitar que la temperatura planetaria aumente 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales, debe cumplirse a toda costa.

Los gobiernos, las empresas y la sociedad deben esforzarse y tomar medidas para contener el desastre. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero –causantes del calentamiento global– es esencial, y también reciclar y lograr que el consumismo exagerado y absurdo sea reemplazado por un consumo racional. Los gobiernos tienen que invertir en resiliencia climática; sus políticas y sus proyectos de infraestructura deben tener en cuenta el cambio del clima.

No podemos seguir cruzados de brazos o, peor aún, contaminar irresponsablemente el medio ambiente con la quema de combustibles fósiles y montañas de desechos plásticos. La crisis climática amenaza al planeta, y este es nuestro único planeta, no tenemos otro. Pienso con aprensión en ese peligro de nuestro tiempo mientras observo la lluvia incesante que cae sobre Miami, provocando inundaciones en muchas áreas de la ciudad, como un aviso del futuro que nos espera si no entramos en acción ya.

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