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ENFOQUE

El fenómeno Bukele

En el panorama político de América Latina, pocos líderes han generado tanto apoyo y atención como Nayib Bukele, presidente de El Salvador, recientemente juramentado para un segundo período gubernamental tras ganar las elecciones con un 85% de los votos. La popularidad de Bukele no solo se debe a su carisma y uso efectivo de las redes sociales, sino también a sus políticas contundentes para combatir la violencia que ha asolado al país durante décadas.

Desde su llegada a la presidencia en junio de 2019, Bukele ha implementado una serie de medidas para combatir las pandillas y el crimen organizado. Su política de “mano dura” contra las maras ha resultado en una disminución significativa de los índices de homicidios, al punto que en el año 2023 apenas se registraron 154 homicidios, para una tasa de 2.4 por cada 100,000 habitantes, la más baja de la historia.

Una de las iniciativas más destacadas del presidente ha sido el Plan Control Territorial, que incluye la militarización de las zonas más conflictivas y la reforma del sistema penitenciario para cortar la comunicación entre los líderes de pandillas encarcelados y sus seguidores en libertad. Estas medidas han sido criticadas por organizaciones de derechos humanos, que argumentan que violan los derechos fundamentales y promueven la represión. Sin embargo, para muchos ciudadanos, la mejora en la seguridad justifica estas acciones.

La guerra contra la delincuencia implementada por Bukele plantea preguntas fundamentales sobre el equilibrio entre seguridad y derechos fundamentales. Por un lado, algunas personas critican que Bukele ha sido eficaz pero no eficiente en su lucha contra la delincuencia, pues su estrategia de apresar “todo hombre joven con tatuaje” ha llevado al país a tener el porcentaje más alto de población encarcelada del mundo, lo cual posiblemente generaría un alto porcentaje de “falsos positivos”, es decir, personas injustamente encarceladas.

Por otro lado, los defensores de Bukele argumentan que el país tiene una “guerra interna” contra grupos organizados, y que cualquier número de “falsos positivos” se queda corto en comparación con las víctimas del pasado.

Nayib Bukele se juramentó para un segundo período gubernamental tras ganar las elecciones con un 85% de los votos.

Nayib Bukele se juramentó para un segundo período gubernamental tras ganar las elecciones con un 85% de los votos.ARCHIVO/LD

Al observar los datos de popularidad y apoyo que consistentemente obtiene Bukele en la población salvadoreña, todo parece indicar que, ante la disyuntiva entre seguridad y derechos, la mayoría de los salvadoreños prefieren la seguridad.

En otro orden, en una segunda administración, el presidente Bukele tendrá que dar respuesta a los retos económicos del país, que no son pocos. El crecimiento de la economía en el período de Bukele ha estado por debajo del promedio de décadas recientes, al punto que en 2022 la economía apenas creció un 2.6%, mientras que en 2023 dicho crecimiento fue de solo 2.7%.

Hasta el momento, el gobierno salvadoreño ha confiado en que las mejoras en la seguridad ciudadana serían suficientes para impulsar el dinamismo económico, sobre todo en sectores como turismo y comercio, pero el crecimiento del PIB en 2022 y 2023 indica que controlar la delincuencia es una condición necesaria pero no suficiente para revitalizar la economía.

De igual forma, una deuda pública que sobrepasa el 82% del PIB hace inminente una reforma fiscal que logre controlar las finanzas públicas salvadoreñas, lo cual impactaría negativamente una economía que ya presenta un bajo dinamismo.

En pocas palabras, el éxito de Bukele a nivel de popularidad requerirá que logre en la economía los buenos resultados que su gobierno ha tenido en seguridad ciudadana. Pero claro, ambas áreas del bienestar social tienen reglas muy distintas, o incluso contradictorias.

En conclusión, la alta popularidad de Nayib Bukele no se limita a su estrategia de comunicación digital, sino a que en muy corto tiempo ha dado respuesta al principal problema que tenían los salvadoreños. Pero la prueba de fuego de su liderazgo será la economía, para lo cual el presidente Bukele tendrá que reinventarse para poder pasar de transmitir miedo a los delincuentes a transmitir confianza a los inversionistas nacionales e internacionales.

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