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Encuentro con Rafael Caldera

El 19 de noviembre de 1988 se celebró la graduación de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, en la cual fui escogido para pronunciar el discurso en representación de todos los graduandos.

En esa ceremonia, presidida por el entonces rector Jaime Viñas Román, estuvo como invitado especial Rafael Caldera, expresidente de Venezuela.

En ese momento se había popularizado el poema del vate cubano Nicolás Guillén, musicalizado por Pablo Milanés, “De qué callada manera”. Inicié mi discurso cantando esa canción seguido por muchos de los graduandos.

Mi discurso describía el mundo que encontraríamos fuera de las aulas y cómo podíamos afrontar el futuro. Recordé a nuestros Padres de la Patria y, al igual a ellos, el esfuerzo que cada uno de los padres de los graduandos había realizado para que alcanzáramos esa meta. La persona que más me felicito por mis palabras fue el presidente Caldera.

El lunes 21 de noviembre cuando llegué a mi oficina en el palacio nacional, encontré en la agenda la visita del expresidente Rafael Caldera. Me voy a las escalinatas a esperarlo y viene acompañado de don Heriberto de Castro, presidente de la Fundación Universitaria Dominicana. Luego de un cordial saludo subimos y nos dirigimos al despacho presidencial.

En el camino don Heriberto le dice a Caldera que yo fui el joven que había hablado en la graduación y él asombrado me dio un abrazo y me manifestó su satisfacción por las palabras pronunciadas y que esa noche comentó en una cena con el Dr. José Francisco Pena Gómez el discurso que yo había pronunciado. “Usted es un joven de mucho futuro y que realmente quiere su país, su patria. Quedé gratamente sorprendido” me expresó.

Cuando ingresamos al despacho el presidente Balaguer y Caldera se confundieron en un abrazo. El gobernante dominicano le expresó su satisfacción de recibirlo ahora como presidente, ya que tres años antes Caldera lo había visitado en su residencia cuando estaba en la oposición.

Caldera le dijo: “presidente, hoy al llegar al palacio he recibido una grata sorpresa, ya que el joven que dio el discurso en la graduación de la UNPHU el sábado pasado es quien me ha recibido. Qué bueno que usted se rodea de esa juventud progresista. Lo felicito”. Balaguer totalmente confundido no entiende nada de lo que Caldera le estaba diciendo.

Entonces don Heriberto, que se da cuenta, le aclara que yo había sido la persona que había pronunciado el discurso de graduación y que había sido un “discurso de barricada, donde llamaba a un compromiso de los graduandos con la patria”.

El presidente Balaguer me expresó: “Miguelito, yo no sabía que te graduabas en estos días”. A lo que le contesté: “Sí, presidente, era mi graduación de abogado”. “Mis congratulaciones”.

Cuando salieron de la reunión era las 1:00 p.m. y don Heriberto me invitó a almorzar en el restaurant El Cantábrico con Caldera, Viñas Román y otros comensales.  

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