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El vertiginoso mundo de la IA

El mundo de la inteligencia artificial ha tenido un año vertiginoso. ChatGPT se lanzó el 30 de noviembre de 2022 y no ha parado de mejorar, ganar adeptos, atraer inversión y, de paso, generar inquietudes respecto a su potencial. OpenAI, la empresa detrás de este chatbot, ha tenido una semana aún más vertiginosa. En los últimos siete días despidió a su director ejecutivo solo para devolverle el puesto poco después.

Kevin Roose, columnista de tecnología del Times, describía así el drama: ¡Un golpe secreto de la junta directiva! ¡Miedo a una inteligencia artificial asesina! ¡Un director ejecutivo estrella, traicionado por su director científico! ¡Una revuelta del personal a la madrugada que amenaza con cambiar el equilibrio del poder tecnológico mundial!

¿Qué está pasando?

Primero hay que saber que OpenAI es una empresa multibillonaria —ha recibido miles de millones de dólares de inversionistas como Microsoft o, en sus inicios, Elon Musk— con una misión y estructura inusuales.

Fue cofundada en 2016 por Sam Altman, un joven emprendedor de Silicon Valley, con el objetivo de desarrollar una inteligencia artificial capaz de funcionar como un cerebro humano, y se constituyó como una organización sin fines de lucro en la que una junta directiva tenía un gran poder.

“En ese momento, muchos en la industria consideraban que proteger la inteligencia artificial de las fuerzas del capitalismo era una prioridad absoluta, que debía consagrarse en los estatutos corporativos y los documentos constitutivos”, explicó Kevin en este artículo. Más adelante se crearía una rama lucrativa de la empresa, pero la junta directiva de la entidad original mantuvo el poder. Algunos miembros de ese reducido grupo de seis personas, liderados por Ilya Sutskever, jefe tecnológico de OpenAI, retiraron su confianza a Altman la semana pasada.

Entonces se desató una confusa serie de acontecimientos. Entre ellos: una carta de más de 700 empleados que dijeron que se irían de la empresa, un anuncio de Microsoft diciendo que contratarían a Altman y el súbito anuncio de que volvía a encabezar la empresa.

No se sabe aún qué motivó exactamente todo este drama, ni qué pasará en los próximos días, pero quienes siguen de cerca a la compañía aseguran que responde a un dilema existencial en el sector de IA.

Por un lado, están quienes consideran que la tecnología tiene un gran potencial para mejorar todos los aspectos de la vida humana, no solo a los estudiantes en busca de ahorrar tiempo al hacer las tareas. Las aplicaciones van desde la medicina y la programación hasta liberarnos de las partes más aburridas y menos creativas de nuestros trabajos.

Por el otro, hay quienes temen que se vuelva demasiado poderosa y que ayude a propagar desinformación o dejar a demasiadas personas sin empleo (si te has preguntado si tiene aplicaciones bélicas, aquí respondemos algunas dudas frecuentes).

De hecho, en marzo, más de mil expertos —entre ellos Elon Musk— pidieron a OpenAI que parara el desarrollo de sistemas como ChatGPT debido a los “riesgos profundos que presentan a la sociedad y la humanidad”.

Para muchos conocedores de la industria, la IA es la tecnología que definirá nuestro tiempo. La herramienta es incipiente y, como otras innovaciones del pasado, en estos años iniciales la duda fundamental es sobre sus repercusiones en nuestras vidas.

“La sociedad tendrá que decidir qué puede aceptar que haga la inteligencia artificial y en qué áreas no debe permitir su intervención”, escribió a inicios del año el columnista del Times Ezra Klein, “antes de que sea demasiado tarde para tomar esas decisiones”.

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