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Tribuna del Atlántico

El sector eléctrico, un dolor de cabeza que no termina

En una de esas salidas de antología, el expresidente Hipólito Mejía, dijo algo así como que: había que juntar la macro con la micro, para garantizar el boroneo. Una fórmula, a su estilo,de enfatizar la necesidad de que la estabilidad macroeconómica, de la qué hacemos galas hace años, se traduzca en bienestar para las grandes mayorías.

Jocosa interpretación de uno de los grandes dilemas del crecimiento económico, el garantizar que, en primer lugar reduzca la pobreza y luego, garantice mejores condiciones de vida para todos.

Nuestra estabilidad política e innegable crecimiento económico, sigue teniendo, como toda obra humana, terribles sombras, espacios a donde la luz de nuestros éxitos, aún no acaba de llegar, como la energía eléctrica, por ejemplo.

De muchachos, las vacaciones solían darnos la oportunidad de dos grandes viajes, a la modernidad de la capital, donde la tía Jovita, en una moderna urbanización, con aceras y contenes, una casa con bañera y ducha y TV, o el viaje al campo, a El Cupey, paraje, El Naranjal, sin luz, a expensas de jumiadoras, con tinaja, bañándonos en el río, y un radio de pilas como único contacto con el mundo. A pesar del contraste, ambas eran experiencias maravillosas y esperadas.

Hoy que la energía eléctrica está en El Naranjal, como en la mayor parte del país, sigue uno sin entender, como es que el sector eléctrico sigue dando tantos dolores de cabeza. Mil y unas razones se darán para explicarlo, sobre las cuales, no nos pondremos de acuerdo, excepto en admitir que seguimos dando tumbos en este tema.

Se podrá decir que es un fracaso colectivo, ya que en 50 años, no hemos logrado una solución definitiva. Pero sería injusto dejar de reconocer que hoy se evidencia un deterioro de lo avances alcanzados hasta el 2020.

Peor aún, es dar un vistazo a los papeles, al Programa de Gobierno del PRM o al Pacto Eléctrico, firmado con bombos y platillos en 2021, en ambos documentos, la esencia del fracaso, la demuestra, la incapacidad de reducir las pérdidas operativas, que de nuevo rondan el 40%, luego de décadas de una gradual y lenta reducción.

El Pacto Eléctrico establece como meta reducir las pérdidas operativas a un 15 por ciento, en 6 años, por el momento vamos como el cangrejo y se requerirá una enorme vuelta de tuerca o la intervención directa de la Divina Providencia, para alcanzar el objetivo en el tiempo previsto.

En el programa de gobierno se hablaba de unificar las edes y formar una sola entidad de distribución, no pasó.

Es verdad que los precios de los combustibles han sido una pesada carga para la actual administración, disparando el monto del subsidio eléctrico, pero la promesa de eficiencia, se quedó en el reino de los sueños de Calderón de la Barca.

Ya decíamos en nuestro artículo: “Y sin embargo se mueve”, a propósito de la compra excesiva de vacunas, que un aspecto crucial de la prometida transparencia, es la eficiencia, si perniciosa es la corrupción, también lo es el gasto ineficiente.

El único aspecto en el que hemos tenido avances reales es en el incremento de la producción de energía de fuentes renovables, pero el crecimiento de la capacidad de generación sigue estando a la zaga del incremento de la demanda.

A diez meses para concluir el actual período gubernamental, el sector eléctrico es, sin dudas, un handicap para la actual gestión. Un dolor de cabeza que sigue ahí.