AGENDA SOCIAL

Gig Economy

Cada vez más, y en más áreas de la economía, la tecnología conecta la demanda de un servicio con los proveedores que están dispuestos a prestarlo. El fenómeno de las plataformas digitales para servicios de delivery, transporte, limpieza y otros más, han revolucionado el mercado laboral, porque millones de personas ya no aspiran a un trabajo de oficina con un horario pre-establecido, sino que prefieren equilibrar varias fuentes de ingresos trabajando de manera independiente.

Esta forma de trabajo que han llamado economía gig o economía de plataformas por tratarse de trabajos temporales sustentados en la tecnología, ha crecido de manera exponencial luego de la pandemia del COVID-19, que obligó a millones de personas a digitalizarse y bancarizarse, lo que los llevó a utilizar las plataformas digitales, primero por necesidad y luego por conveniencia. Para el 2023, el Foro Económico Mundial, con datos de Mastercard, estima que la economía gig generará 455 billones de dólares a nivel mundial.

Pero esta evolución en la economía y en el mercado laboral traen consigo una discusión amplia sobre el futuro del trabajo y sus implicaciones jurídicas y sociales. Los más estudiosos del tema apuntan a varios factores cuando hablamos de la economía gig, porque combina el intercambio de servicios en una economía bajo demanda que también tiene componentes de economía colaborativa.

En lo social, este tipo de trabajos tiene menos barreras de entrada y permanencia para las mujeres y los jóvenes, en comparación con los sectores tradicionales. Hay una menor exigencia de experiencia laboral previa y la flexibilidad horaria opera a favor de las mujeres, que tienen que equilibrar las labores de cuidados con la búsqueda de ingresos para el hogar. Sin embargo, las graves desigualdades en el acceso a las tecnologías que aún persisten en países como el nuestro dificultan y limitan las posibilidades que podrían tener varios grupos vulnerables para obtener beneficios en la economía gig.

Tampoco podemos dejar de mencionar las desventajas de este tipo de trabajo, especialmente en lo relativo a la salud mental del trabajador. Se puede trabajar más y recibir menos ingresos, hay una menor separación entre la vida personal y laboral y se pueden exacerbar los problemas como el aislamiento y las malas condiciones laborales.

En América Latina y El Caribe, donde impera la informalidad en el mercado laboral, existe el riesgo de que las plataformas que sustentan la economía gig repliquen las mismas desigualdades del sector informal, especialmente la baja calidad del trabajo, la irregularidad del empleo, la carencia de beneficios como la seguridad social, a pesar de que es un modelo económico que genera recursos seguros y predecibles, por el uso que hacen de la big data.

Lo ideal sería que una mesa de trabajo interinstitucional comience a trabajar en medidas que garanticen la calidad del trabajo en este tipo de economía, buscando la manera de armonizar las reglas establecidas en el Código Laboral con la realidad existente en un mundo que valora positivamente la economía en demanda y la economía colaborativa. Estas medidas deberían allanar el camino para que en un futuro cercano se realice la necesaria reforma del Código Laboral, que surgió en una época en la que estos avances tecnológicos no existían.