OTEANDO

Rangos por amiguismo y cargos por transfuguismo

Los partidos políticos de la República Dominicana han emprendido una carrera peligrosa que, poco a poco, está mermando su posibilidad de sobrevivencia, sin importar que muchos “comunicadores”, y ordeñadores oportunistas de la vaca del clientelismo, se desgañiten diciendo a los cuatro vientos que “falta mucho tiempo para que el sistema de partidos colapse”, con lo cual admiten, de manera implícita que ese camino ya ha empezado a trillarse; porque, a lo que le falta un tiempo para llegar a un punto -sin importar que sea mucho o poco-, es porque ha empezado a recorrer el camino hacia ese destino.

¿Qué me hace afirmar que el sistema se está deteriorando? El hecho de que la cotidianidad política evidencia un descuido total de los asuntos ideológicos y un juego permanente al sanchopancismo en el que participan toda clase de advenedizos con la bendición de las élites partidarias, ya por amiguismo, ya por clientelismo. Cualquier rasca vaca accede hoy a los comités centrales de los partidos más importantes, y peor aún, a sus propias direcciones nacionales. En adición, los partidos no muestran el menor escrúpulo a la hora de recibir en su seno a quienes, aprovechándose de un abolengo con patas de barro, se ofertan y venden al mejor postor.

La conducta traicionera ha existido siempre, y se traiciona por poder o por dinero. Pero, es de esperarse que a la fecha los partidos observen más cuidado a la hora de incluir en su alta dirigencia a verdaderos pelafustanes sin ninguna suerte de atributos. Los líderes de los partidos deben ponerse a recaudo de llevar a las direcciones de sus partidos a personas que no reúnen las condiciones para ello, máxime, si ello ocurre ante el temor del líder de perder la hegemonía en tales instancias y, para evitarlo, se hace rodear de incondicionales; porque, tarde o temprano lo decepcionarán. Lo propio ocurre cuando un presidente escoge un pelafustán para un cargo público: tarde o temprano mete la pata o lo traiciona.

Todo lo anterior es lo que está permitiendo deserciones de altas instancias, delaciones corroborantes de verdaderas vendettas políticas, y también, el salto de los tránsfugas. Pero, cada uno obtiene de la vida lo que merece: hoy vemos al menos tres tránsfugas -exalcaldes- que se quedaron en el aire, ya no valen nada, mañana veremos a cierto desertor, y por qué no, también a ciertos delatores regresando a sus orígenes de personas sin ningún valor. Pero, también se acabará otorgar rangos por amiguismo y cargos por transfuguismo.