OTEANDO

Cuando caiga el telón

Cuando caiga el telón, y la azulada pátina sobre el bronce deje de provocar en mí la sensación de lo eterno; y, al tañido vesperal de una triste campana, todos sepan que me he ido, cesarán los dolores, también las ilusiones. Mi larga duración habrá definido el contextuado tiempo del que parecí dueño. Empezarán, entonces, otros tiempos que ilusionarán a más de uno; y espejos renovados devolverán cielos e infiernos para aquellos que sigan jugando a vivir. Cuando caiga el telón, y por fin, se acaben los reclamos y las auditorías, y mis pecados queden reducidos a la levedad de los juicios, se habrá evidenciado que no he sido tanto; que ninguno de mis devaneos alcanzó a provocar lo que provocaron los raptos de Ío, Medea, Europa o Helena.

Y en esa pequeñez, tan propia e inadvertida, se acabará mi nombre y con él mi memoria. Y la propia nada dudará sobre si acogerme o no en su infinita e intrascendente negación, condenándome a ser una variable neutra en muchos que hoy me admiran. No habrá más adjetivos con los cuales adornarme, se acabará la gloria, también mis ambiciones. Si cae el telón, ya no aspiro a inscripciones, en mi lápida fría, de que he sido el mejor, mismas que apenas si serán vistas o leídas incompletamente por algún transeúnte accidental, ajeno a toda mi ontología.

Cuando caiga el telón y todas mis Ximena y todas mis Marcella se queden con sus gracias donde no pueda verlas; y Emerson, Luca o Nico renuncien a tenerme, ya no podré virarme para supervisarlos, se acabará esta estancia de dulzuras y ensueños, en la que he disfrutado a los mejores nietos.

Cuando caiga el telón y, por fin, se agoten mis melancolías, y un ruiseñor airoso ande de rama en rama entre mis trinitarias, ahí me esperará, para verme en las tardes, quien quiso cultivarlas para que fuera eterno. Y haré una reverencia con matiz de cortejo, para esa amada eterna y fiel hasta la muerte; sí, fiel hasta la muerte, y aun después de ella.

Cuando caiga el telón y mi extraña tragedia se convierta en comedia, seré más comprendido, y aun justificado. Se dirán despedidas en medio de un salón que harán dudar a algunos si el difunto soy yo. Por eso, quiero agradecer, ahora que puedo, a los que más me quieren, por ser tan generosos en sus apreciaciones.

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