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Relato de los duros inviernos por la gloria conquistada

“Hace mucho frío aquí en la tierra.

Estaba durmiendo bajo un puente.

Es invierno.

Un invierno muy duro…

Entonces fue cuando me dije:

¿Por qué no te vas al cielo,

a hablar con tus amigos los ángeles?

Y me metí por la gatera que conocéis

de la puerta trasera del cielo.”

( Fragmento de Delirios.

León Felipe 1844 - 1968 )

Hacia 1610 y 1611, William Shakespeare ( 1564 - 1616 ) escribiría su famoso Winter Tales, Cuentos de Invierno, drama al inicio y comedia al final.

El único punto de encuentro entre aquella obra y lo aquí narrado sería , en todo caso , el equívoco y la torpeza profunda al valorar una persona, el filo de lo injusto que se aleja de lo justo, sin redención posible para el ausente...

Como se recordará, el invierno ha creado un género de relatos enfocados más bien en la búsqueda de la armonía cuando el grupo cerca del fuego se reúne para escuchar un relato, mi relato es , en cambio , el recuerdo de una conversación sobre el tema invernal y sus efectos en un caribeño, las impresiones de Vicente Pimentel ( 1947 - 2023 ) sobre el fuerte invierno de París, recién llegado el pintor consagrado a Francia, país de asiento : cuando necesitaba un cambio fundamental en su vida y en su obra...

Vicente Pimentel biográficamente construye dos tiempos en Francia.

El primero : en 1971 la sección cultural de la embajada de Francia, activa en su monitoreo de las artes y los artistas dominicanos, acierta al otorgar una beca de estudios a este artista, igual haría luego con el escultor Joaquín Cipián.

En aquel momento, en la sección pintura de la Escuela de Arte y Arquitectura Marsella, obtiene su diploma, 1972.

Vicente Pimentel, cruzando en 1992, uno  de los puentes del Sena, camino a su Estudio.

Vicente Pimentel, cruzando en 1992, uno de los puentes del Sena, camino a su Estudio.

El segundo : Ya había realizado su primera exposición en el Museo del Hombre, apenas vestigios de fotos vetustas dan fe del hecho acaecido en 1973, tres años más tarde, regresa a Francia con profundas ilusiones y decisiones de formación profesional, era 1976.

En la famosa exposición de 1979, en la Cité Des Art, comienza nuestro relato de invierno, conversación casual en presencia de un crítico de cine colombiano conocido en la edición 30 del festival internacional de Canne, Francia , de 1977. cuyo presidente fue Roberto Rossellini...

José Ignació vivía en la Cité des Arts y tenía pendiente la exposición de un dominicano llamado Vicente Pimentel.

Allí estuve y recibido con agrado y alegría, detecté que la presencia de dominicanos y dominicanos en su exposición, le dibuja una amplia sonrisa en el rostro, lacónico como era su estilo, esa sonrisa amplia denunciaba su mejor estado de ánimo.

Esa noche habló de su primera vez en aquel país y lo difícil que era para un caribeño, vivir el invierno como podían hacerlo los europeos.

Si bien no vivimos en las antípodas, sería el caso de la Europa del norte ( asiento y tierra helada vikinga ), no hay dudas de que el tema del invierno siempre fue un tema de conversación, como fue el caso de esa noche...

Para Vicente Pimentel, el problema no era solo el frío, sino lo que él mismo significaba como lejanía insular y soledad.

Antes de agotar el tema, nos referimos a los cambios de ánimos cuando el Sol , gran aliado nuestro, no importaba que entre grises nubes asomara su luz mortecina, lo importante era que podíamos mirarlos y olvidarnos del frío taladrando huesos y labios, pero nunca almas y espíritus de luchas, y mucho más cuando él tenía glorias personales que conquistar, para ello vivió con acierto.

Aquella fue una simple conversación caribeña, en medio su exposición, hoy la recuerdo como los relatos de los duros inviernos, para volver a Shakespeare: donde lo injusto, ahora se revela como justo : Vicente Pimentel, había experimentado sus razones y motivos para una lejanía del país, pero nunca desarraigo, porque, a ojos vistas , porque una parte de la historia de su pintura, estaba basada en lo que nunca negó : su adorado arraigo de los contornos de Villa Francisca, el resto es falsa leyenda y triste oportunismo necrófilo.

Lo que sí debemos desterrar en nosotros, es el hábito , cada vez más frecuente , a no tener memoria de los Dominicanos y Dominicanas, que sí lo merecen, con el paso del tiempo : solo un debate serio sobre esta Dominican Pathology of the 21st century ( sería el modelo de un título en una revista médica inglesa ) , arrojaría luz sobre una realidad que nos autodestruye como nación (CFE).

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