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OBSERVATORIO GLOBAL

Economía y reelección

En la retórica oficial, el criterio que ha predominado durante esta gestión de gobierno es que la República Dominicana constituye un referente regional y hasta mundial en lo concerniente al crecimiento económico, el desarrollo y el bienestar.

Ahora, sin embargo, hay una realidad innegable, sentida por la población, que no puede seguir siendo ocultada tras estadísticas manipuladas.

Conforme a un reciente informe del Banco Central se establece que el crecimiento económico experimentado en la República Dominicana durante el periodo enero-abril de este año, fue tan solo de 1.2 por ciento.

La situación actual es más preocupante si se toma en consideración que entre los sectores más afectados, se encuentra, por ejemplo, la industria local, que tuvo una caída de -2.2 por ciento.

Igual ocurrió con la construcción, que experimentó un descenso de -3.5 por ciento; el de comercio, que se redujo a 0.4 por ciento; o el de energía y agua, que también sufrió un descenso a 0.8 por ciento.

La reelección no ha podido prosperar y la economía ha hecho sentir su látigo en las urnas.

La reelección no ha podido prosperar y la economía ha hecho sentir su látigo en las urnas.ARCHIVO/LD

El sector de educación, que durante los primeros meses del 2022 había tenido una expansión de 4.8 por ciento, ahora descendió a -2.5 por ciento; y salud, de 11.5 por ciento, a 9.5 por ciento.

En lo que atañe al sector externo de la economía, zonas francas y turismo, la desaceleración de la economía norteamericana y de la zona euro, que se proyecta sólo crecerán 1.1 y 0.7 para este año, ya empieza a sentirse en nuestro país.

De esa manera, el sector de zonas francas se desplomó en los primeros meses de este año a la desconcertante cifra de -2.4%; y aunque el sector de hoteles, bares y restaurantes, es decir, turismo, se mantuvo positivo, experimentó, sin embargo, una notable reducción con respecto al primer cuatrimestre del año anterior, al pasar del 42.1 al 14.2 por ciento.

En resumen, es evidente que durante los primeros meses de este año, 2023, ha habido una situación de parálisis o estancamiento de la economía dominicana, debido a una drástica caída de los sectores productivos, una evidente disminución de la actividad comercial y una baja en el área de servicios.

Percepción popular

En varios estudios de investigación sobre la situación económica, social y política en la República Dominicana realizados durante los últimos 14 meses se percibe la evolución de la percepción de la población dominicana sobre la realidad actual.

En efecto, de acuerdo con el reporte de Data Marketing de marzo de 2022, para esa fecha, el 45 por ciento de la población dominicana consideraba que el país iba en mala dirección.

En mayo del mismo año, la firma Impact Research informaba que el 58 por ciento de los encuestados estimaba que el país iba por camino equivocado; y en junio, Research Corporation indicó que la cifra de los inconformes alcanzaba un 68 por ciento.

Para julio, Data Marketing lo reducía a 48 por ciento. La firma CESP Research, a su vez, señalaba que para septiembre de 2022 el número de insatisfechos se situaba en el 63 por ciento; y para enero del 2023, en 65 por ciento.

Para el mes de abril del 2023, la empresa ASISA realizaba una encuesta en la que señalaba que un 58 por ciento de las personas encuestadas manifestaba inconformidad con la dirección en que el país se encauzaba.

Cuando la pregunta se hacía de manera más específica, sobre como impactaba la economía en lo personal, las cifras se disparaban. Desde marzo del 2022 a abril del 2023, ninguna firma encuestadora presentó una información por debajo del 60% y el punto máximo lo ofreció la Research Corporation en junio de 2022, con un 68 por ciento.

En la encuesta más reciente de ASISA, en abril de este año, el 60 por ciento de los encuestados manifestaron sentirse afectados en lo personal por la marcha de la economía.

Aunque ha sido durante los últimos cuatro meses que la economía dominicana ha sufrido la mayor disminución en su crecimiento, lo cierto es que, desde los últimos 14 meses, entre un mínimo del 48 por ciento de la población y un máximo del 68 por ciento, ya había expresado que la economía dominicana se orientaba por un camino equivocado que le afectaba en lo personal.

La cruz de la reelección

La tendencia predominante en América Latina es la de una relación entre desempeño económico y resultados electorales. Entre los años 2003 y 2013, considerados como la década de oro de la región, la economía tuvo un promedio de crecimiento anual de 4 por ciento del PIB.

Como consecuencia, fue el periodo en que figuras progresistas como Hugo Chávez, Lula da Silva, Dilma Rousseff, Rafael Correa, Evo Morales, Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, la Concertación en Chile y el Frente Amplio en Uruguay se reelegían, con amplio apoyo popular.

Sin embargo, desde 2014 a 2022, la situación económica ha sido adversa. En el lustro del 2014 al 2019, el crecimiento fue tan solo de 0.5 promedio anual. Con motivo de la pandemia del Covid-19, la contracción llegó a -8.7 por ciento del PIB.

La política de estímulo fiscal y monetaria produjo una reactivación económica en el 2021, pero sus efectos colaterales dieron origen a una espiral inflacionaria que se ha convertido en la preocupación fundamental de los ciudadanos.

Frente a eso, las políticas monetarias restrictivas aplicadas por los bancos centrales han conducido a una desaceleración del crecimiento y hasta a quiebra de bancos, como ha ocurrido en Estados Unidos y Suiza, generando incertidumbre en los mercados financieros internacionales.

Como resultado de esa situación económica que ha afectado el bienestar de los pueblos, de las 17 elecciones presidenciales que se han realizado desde el 2018 al 2022 en América Latina, los gobiernos han sido derrotados en 15 ocasiones. La reelección no ha podido prosperar. La economía ha hecho sentir su látigo en las urnas.

En la República Dominicana, el Banco Central ha procedido a bajar su tasa de interés de política monetaria en 50 puntos básicos y liberar recursos por cerca de 130 mil millones de pesos, en un intento por reactivar el crecimiento económico.

Fue lo mismo que hizo en marzo del 2020, al iniciar la pandemia del Covid-19, en vísperas de las elecciones presidenciales de ese año.

A pesar de eso, el partido de gobierno fue desalojado del poder y las medidas de estímulo monetario del Banco Central se convirtieron, a nivel nacional, en una de las principales chispas para encender la llama de la inflación.

Al parecer, la historia tiende a repetirse.