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tribuna del atlántico

Cantaletas de la JCE y la Cámara de Cuentas

No recuerdo bien a qué cómico o filósofo, si, también hay cómicos filósofos, atribuir la expresión: ¿Por qué hacerlo fácil, si se puede hacer difícil? Creo haberla escuchado en algún programa de la TV local, tal vez la Escuelota de Freddy Beras o de los reputados cómicos, filósofos, Raymond y Miguel. No estoy seguro.

Lo que queda claro es que, en este país de nuestros amores, andamos siempre buscando la manera de complicar las cosas que pueden darse de modo natural, de producir ruidos innecesarios, de generar conflictos donde no tiene que haberlos.

Porque, dígame usted, si no es esa la explicación racional, a la necedad, de generar ruidos a un proceso electoral, el del próximo año, cuyos motores se encendieron antes de tiempo, pero que hasta ahora marcha sin mayores contratiempos, el que la Junta Central Electoral pretenda limitar, sin ningún amparo legal, sin ningún asidero jurídico, al limitar las reservas de candidaturas a un 20% en todos los niveles de elección, busca pura y simplemente limitar las alianzas.

¿Desde cuándo le da la ley facultades a ese organismo para limitar de esa manera el derecho de los partidos?

Con ese estilo natural de decir las cosas, mi abuela Ramona que no se metía mucho en temas políticos, hubiera muy bien calificado esto de; “ganas de fuñir” innecesarias cantaletas de un organismo cuyo principal rol, es y debe ser, el de garantizar la realización de un proceso electoral claro y diáfano, que nos aleje de los traumas del 2020, única ocasión en la historia en que se han suspendido unas elecciones, por si alguien lo olvida.

Y como para que no terminemos de asombrarnos, resurge como un volcán, la ventolera que mantiene desde hace años, en un mar de controversias a la Cámara de Cuentas, organismo con un largo historial de conflictos en el que, al parecer, no se sale de una.

La anterior cámara objeto de un allanamiento de los independientes fiscales actuales, que, por cierto, aun no sabemos que encontraron en la intervención, también primera, de un organismo como este.

Uno no tiene más remedio que creer, como ha dicho el presidente actual del organismo que esa institución tiene alguna suerte de maldición, porque a cada tanto hay un conflicto que termina con la sustitución abrupta de sus miembros, no sabemos si la maldición se remonte a los dioses del olimpo, o si tendrá un origen más local y caribeño.

Que es un preso de confianza, que tiene que acoger las decisiones del pleno, aunque sean ilegales, etc. son solo algunas de las afirmaciones del presidente del organismo auditor.

Cantaletas, aquí y allá que no hacen más que retratar las características claras de nuestro subdesarrollo; ¿Cómo se explica que uno de los países de América que puede exhibir mayor estabilidad política y económica en los últimos 50 años, tenga este tipo de controversias? A estas alturas, como si fuera que en unas cosas hemos avanzado y otras seguimos en los tiempos de Conchoprimo.

Por si las dudas, con relación a cantaleta, Juan Manuel Pérez Suarez, en su página web, Diccionario de Comunicaciones dice: no falta el que se atreva a relacionar el sufijo “leta”, con El Leteo, “el río del olvido en los infiernos”, propio de la mitología griega.

Allá, al río del olvido en los infiernos, parecen conducirnos estas cantaletas constantes en instituciones que deberían ser ejemplo de nuestros avances institucionales.