Opinión

Firmeza

Con sus más recientes acciones el presidente Luis Abinader ha dejado claro que no piensa negociar su postura de que no existe una solución dominicana al grave problema que afecta a la vecina república de Haití, como en la práctica aparenta ser la intención de una parte de comunidad internacional y que de manera maliciosa presiona.

La prolongada crisis haitiana, matizada por la extrema pobreza, la escasez, inseguridad ciudadana y el terror de las bandas criminales que azotan su territorio y arrinconan a sus autoridades, es un problema que preocupa a muchos países, pero el único que sufre sus consecuencias es el nuestro. Consciente de esa realidad, Abinader, que en septiembre del 2021 había planteado ante la 76 Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas la urgencia de una acción multilateral para Haití, ha sido enfático con el tema en sus reuniones tanto con la vicepresidenta norteamericana Kamala Harris y con la jefa del Comando Sur Laura Richardson. Coherente con esa línea, que ha elevado en diversos escenarios, el mandatario dominicano fue cortés pero reiterativo con la subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Wendy Sherman, con quien se reunió hace unos días y le ratificó la posición del país frente al tema haitiano. La inclusión hace unas horas de 39 nuevos nacionales haitianos a la lista de impedidos de entrar al país por su alegada vinculación con diversos crímenes, no deja dudas de que, desde su condición de jefe de la política exterior, Luis Abinader no se anda con chiquitas en cuanto a los riesgos que supone la situación haitiana para la seguridad nacional y su compromiso de proteger nuestra soberanía.

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