Opinión

Incendios forestales e impunidad

Federico A. Jovine RijoSanto Domingo

“Colapso” es un libro perturbador que cuenta cómo sociedades y civilizaciones desaparecieron por ignorar que, con sus acciones de depredación y sobreexplotación de sus recursos naturales en el presente, sembraban la semilla de la destrucción que cosecharían en el futuro. Que Jared Diamond dedicara el capítulo 11 a República Dominicana y Haití -en tanto sociedades rumbo a un colapso probable- debió encender todas las alarmas en 2004, año de su publicación, pero como dominicanos hicimos lo que mejor sabemos hacer: ignorar las advertencias.

El país lleva semanas ardiendo, no es cuento, hay imágenes que lo certifican. Incendios forestales en todas sus provincias; el conuquismo de tumba y quema avanzando; cuencas hídricas impactadas cuya recuperación tomará años, justo en el momento que atravesamos la peor sequía desde 1997; y por demás, existe la percepción generalizada de que no se está haciendo lo suficiente.

Si, sabemos que necesitamos el doble de bomberos forestales y que el déficit se debe a la apatía e indiferencia de las pasadas autoridades, pero ¿se iniciaron los procesos de contratación y capacitación? Si, sabemos que hay labores de vigilancia, fiscalización y sanción por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, pero ¿la cantidad de apresados y sometidos a la justicia se corresponde con la cantidad de incendios que a diario ocurren?

Vistos desde el aire, los incendios en Los Haitises y, más reciente, la quema de la caseta del parque La Salcedoa en Hermanas Mirabal, constituyen un desafío directo a la autoridad del Estado y una burla a sus autoridades. En el caso de Los Haitises, es pura indiferencia y complicidad estatal la que ha permitido por décadas todo eso, pero ya hay que poner un freno.

La sostenibilidad hídrica del país a medio plazo corre peligro, sin embargo, hacemos muy poco y, lo que es peor, la displicencia de las autoridades competentes refuerza el bucle de la impunidad: al no hacer nada, se envía el mensaje de que no hay consecuencias y aumentan las acciones de depredación. Quienes están carbonizando el país no son los “echa días” que trabajan en el campo, son quienes los contratan, quienes pagan por el carbón de nuestros montes o compran los camiones de yautía que se producen en Los Haitises y transitan por las vías públicas, pero las autoridades y los militares no saben nada…

Estamos coqueteando con el colapso, pero, aún así, resulta esperanzador observar que la ciudadanía toma conciencia y se empodera. Ha llegado el momento de exigir castigos y consecuencias, ha llegado el momento de ser implacables con quienes se han enriquecido a costa de quemar nuestro futuro y el de nuestros hijos.

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