Opinión

¿Por qué no se equivoca el SIUBEN?

Margarita CedeñoSanto Domingo

Cualquier cuestionamiento a la metodología de asignación de los subsidios sociales es atinado y oportuno, porque hablamos del uso de los recursos de las arcas públicas. Pero es imposible resumir en unos cuantos cientos de palabras las bondades y los retos de una herramienta de política pública como el Sistema Único de Beneficiarios y su Índice de Calidad de Vida, que han sido el fruto del uso de la ciencia y la aplicación de experiencias probadas, con el apoyo de los más destacados expertos nacionales e internacionales.

La medición de la pobreza por el Índice de Calidad de Vida nunca ha pretendido sustituir la medición tradicional de la pobreza, porque sus bases fundamentales son totalmente distintas.

Mientras la medición de pobreza monetaria busca respuestas sobre quiénes tienen un déficit de ingresos respecto a los mínimos necesarios para cubrir necesidades básicas, la pobreza medida por el ICV busca desnudar las causas estructurales de la pobreza e individualizar a las personas que tienen necesidades básicas insatisfechas, comprender de forma objetiva su realidad desde varios puntos de vista y, en consecuencia, diseñar intervenciones focalizadas que no respondan únicamente al factor monetario.

Aún así, la base de datos del ICV levantada por el Sistema Único de Beneficiarios se desprende del trabajo que realiza el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo para determinar la pobreza monetaria, puesto que el primer insumo para el trabajo del SIUBEN es el mapa de la pobreza que publica el Ministerio. Los mapas de pobreza son instrumentos óptimos para la identificación de los territorios prioritarios para la focalización de los recursos que destina el Gobierno para la mitigación y el combate a la pobreza. De hecho, los mapas de la pobreza que elabora el MEPyD contienen indicadores de pobreza multidimensional y de Necesidades Básicas Insatisfechas.

El trabajo de medición de pobreza no se hace con esfuerzos aislados. Para eso existe el Comité Técnico Interinstitucional de Medición de la Pobreza, del cual forman parte, a la vez, el MEPyD y el Gabinete Social, aunque desde el 2021 no hace falta, puesto que el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN) ya fue transferido al MEPyD.

Ahora bien, hablar de errores de exclusión e inclusión en la base de datos del SIUBEN es un desconocimiento de 15 años de trabajo constante de una de las políticas públicas más exitosa del país y, por qué no, de la región. Hay variados factores que justifican que haya personas elegibles para los subsidios sociales que no hayan sido incluidos: no disponen de documentos de identidad, no fueron encontrados en campo, fallecimientos, traslados al exterior del país, fallas de los registros administrativos, falta de interés del beneficiado. La casuística es elevada en estos casos, puesto que no basta con identificar 2.6 millones de hogares elegibles en todo el territorio nacional, también hay que realizar el trabajo operativo para vincularlos, en el caso en que son elegibles.

En cuanto al error de inclusión, se deja fuera del análisis que un amplio grupo de los elegibles originales del proyecto, ya no requieren de los subsidios, porque las intervenciones, las condiciones económicas subjetivas y el tiempo de exposición mejoraron su calidad de vida.Eso se evidencia al analizar los resultados de los tres Estudios Socioeconómicos de Hogares que se han hecho en SIUBEN, que muestran la evolución de los participantes.

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