Opinión

Trump y Bolsonaro, la democracia bajo asalto

Cualquiera con 50 o más años, podría pensar que la vida es una sucesión lineal de avances indetenibles, esto así por el progreso material, por los avances tecnológicos que hemos visto en estos años.

Pasamos de un mundo que se conectaba con máquinas telefónicas en las que un operador u operadora, conectaba clavijas para ponernos en contacto con un teléfono remoto, a estar hiperconectados a través de los omnipresentes teléfonos móviles.

De carreteras de tierra a calles asfaltadas, de cocinar con carbón a estufas de gas, etcétera, etc., pero entonces nos damos cuenta de que millones de seres humanos aún hoy, no tienen acceso a agua potable, a sistemas sanitarios y, comprobamos que ese progreso material no es tan lineal, que no alcanza a todos por igual.

Miramos los conflictos políticos en diferentes latitudes, Perú sumido en una crisis sin fin de gobernabilidad, Haití sumido en el peor drama de sus más de 220, de proclamada independencia, en Irán jóvenes condenados a muerte por protestar, luego de la muerte de la joven Mahsa Amini, a manos de la Policía por incumplir las normas del hiyab, el velo de uso obligatorio para las mujeres de países musulmanes, Putin y la invasión a Ucrania, para solo mencionar algunos.

Como si hiciera falta alguna confirmación de las complejas coordenadas del mundo actual, hordas, no de irredentos, pero sí de fanáticos, seguidores del expresidente Jair Bolsonaro asaltan la sede del ejecutivo, del congreso y de las cortes en Brasil, la economía número 12 del mundo.

Conmemoran sin decirlo, el ataque similar de los seguidores de Donald Trump al Capitolio de los Estados Unidos, la primera economía del mundo y que nunca había experimentado un asalto al centro de sus instituciones democráticas como ese.

La posverdad en sus buenas en el centro de poder del mundo.

¿Por qué? La explicación no es sencilla, aunque el origen parece fácil, la elección de Donald Trump, un presidente al que varios de sus más cercanos colaboradores han definido como una persona no apta, “unfit”, en inglés, para dirigir el país, a pesar de su riqueza, a contrapelo de la creencia de un exitoso empresario de Puerto Plata para quien la inteligencia era sinónimo de tener dinero.

Leer a John Bolton en el libro The Room Where it Happened (La habitación donde sucedió), nos da una idea del antológico desconocimiento de Trump de la geopolítica.

Nos obliga a recordar a Mario Moreno Cantinflas en películas como Si yo fuera diputado o Su excelencia.

Por su parte, en el libro El Ocaso de la Democracia, Ann Applebaum señala que: “La gente siempre ha tenido opiniones diferentes. Ahora tienen hechos diferentes”. Peor aún cuando esos hechos son parte del relato de líderes que no encuentran cómo justificar sus fracasos.

La autora señala que en las investigaciones de Karen Stenner sobre el autoritarismo resalta que; “las personas a menudo se sienten atraídas por las ideas autoritarias porque les molesta la complejidad. No les gusta la división”.

Yo no sé si eso explica la emergencia de este tipo de liderazgos, pero estamos ante figuras que no están preparadas para dirigir una nación, para ejercer un liderazgo, pero siguen siendo enormemente populares.

La democracia, como la conocemos hasta ahora, está bajo ataque, asaltada por un nuevo modelo de liderazgo, que vestido de democracia apela a nuevas formas de autoritarismo y amenaza con llevarse de encuentro los avances, pequeños o grandes que la humanidad ha alcanzado, en sus instituciones democráticas.

Ojo al Cristo.

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