Opinión

“Un año que viene y otro que se va”

Federico A. Jovine RijoSanto Domingo

Entre las luces y el esplendor de la Navidad, los contornos son difusos y es imposible apreciar con claridad todos los procesos, de ahí que los sesgos cognitivos condicionan nuestra capacidad analítica y crítica, más aún si nos afectan en una situación particular. A tres días de que acabe 2022 hacemos en automático el inexorable ejercicio de reflexión y cuestionamiento en todos los ámbitos, al preguntarnos qué tal nos fue, y luego nos arropa la incertidumbre del año 2023, que por demás conllevará la complejidad de ser un año preelectoral, en un país donde todo es electoral y en el que la política constituye el mecanismo de ascenso y movilidad social por excelencia… tristemente.

En efecto, lo político condicionará todo y puede que algunas decisiones del gobierno sean tomadas o no, en función de si suman, restan, multiplican o dividen votos de cara al 2024. En lo electoral, el PLD y FP estarán conminados a hacer campaña en modo “supervivencia”, debiendo contener los ataques, la hemorragia de dirigentes, fortalecer sus propuestas presidenciales y sus estructuras, para tratar de salir indemnes de cualquier rifirrafe entre ellos o terceros; sin embargo, el mayor desafío lo tiene el PRM, pues tendrá que organizar la casa sin traumas y cumplir con aquellos dirigentes con quienes aún no se ha cumplido, incluyendo –desde luego– a los dirigentes que residen y hacen vida política en el exterior, aunque siempre será más fácil recomponerse desde el poder que fuera de él, si se cuenta con la estrategia apropiada.

Los indicadores económicos están ahí –contundentes–, y las advertencias de los economistas plantean un año duro a escala global, regional y local. En el país persisten dos desafíos que llaman a la reflexión y a la acción: robustecer el control de la inflación y la reforma a la seguridad social en sus vertientes pensiones y salud; campo minado para el Ejecutivo y terreno fértil para el populismo irresponsable.

Ante el panorama retador de este año que casi comienza, decido quedarme con la ilusión y la esperanza. Me gusta pensar que esa arritmia histórica siempre nos protege; que la madurez de nuestros políticos los conmina siempre a llegar a acuerdos y evitar enfrentamientos suicidas; que nuestros empresarios son conscientes que aunque están en primera fila, el barco se llama “República Dominicana” y lo protegerán; que los ciudadanos cada día estamos más conscientes de nuestros derechos civiles, ambientales y sociales y que somos menos ajenos a nuestros deberes y obligaciones. Así que confío que el 2023 será un buen año, y que pronto la Navidad volverá.

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