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Pablo: Para el adiós basta un canto

Este bulevar “no puede ser no más que una canción” porque es la crónica de un homenaje por la ausencia de quien a través de sus canciones ha estado presente en cada pena o alegría, indignación o triunfo de más de una generación de iberoamericanos. Hagan memoria y recuerden sus “Días de gloria”.

Para hablar de la partida de Pablo Milanés, a quien le hubiera bastado “Yolanda” “Para vivir” “El amor de mi vida” “Cuando te encontré”, son insuficientes las palabras, aunque talvez una canción, sus canciones, sí puedan cumplir la encomienda. Caricias de la santa poesía musicalizada.

Cuando en aquellos años terribles mi generación soñó con la creación del hombre nuevo, fue Pablo quien puso música a esos sueños, seguro de que con ellos se iban a encontrar “los del machete aguerrido (Máximo Gómez, pm) con el último héroe que hasta hoy se ha perdido”. Pero los años pasaron, y la realidad impuso sus crueldades. Pablo supo encajar la derrota, entre otras razones, porque su talento para cantar y escribirle al amor lo salvó. Y así fueron brotando canciones que ya no hablaban de fusiles sino de almas, temores, “de causas perdidas que ocultan amores que jamás pudieron ser”. ¡ay!

Para cada pena de los hombres y mujeres de mi generación, Pablo escribió una canción… “Mírame bien”, “La Felicidad”, “Amor” son/fueron las mías. Ahora que no está de moda el buen gusto ni la metáfora encantada de la mejor poesía; ahora que Bad Bunny y Tokischa son la referencia obligada, el paradigma triunfal y aplaudido hasta por la MLB, justo ahora, tiene uno el derecho de brindar por no llorar por quien se atrevió a salvarnos de este nuevo mundo que como el “hombre nuevo” del socialismo tan irreal, es la negación de todo lo que Dios o Buda hubieran deseado.

Ante el celebrado ocaso de la lírica de las canciones, por apoyo masivo y voluntario de los ciudadanos a todo lo contrario ya citado aquí, Pablo dejó sus versos musicalizados para que pueda mi generación y otras ya vencidas, cantar y cantarse sus “días de gloria” tan lejanos:

“Perdí mi yagruma y mi colibrí, perdí mi guitarra, se perdió en la bruma donde pierdo el habla y te pierdo a ti. Los días de gloria se fueron con todo lo que un día fui”.

Bebamos en paz, Asere.

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