Opinión

Amores de cristiano

P. José Pastor RamírezSanto Domingo

“Amarás a Dios con todo tu corazón, y al prójimo como a ti mismo”. De estos tres amores, a Dios, al prójimo y a sí mismo, este último ha sido el más olvidado e ignorado. Teólogos y escritores espirituales dan por supuesto “el amor a sí mismo”. Incluso, no es común escuchar en homilías o conferencias espirituales hablar de este amor, siendo este tan importante como los otros dos.

Sin embargo, llama la atención que autores ajenos a la teología, como Erich Fromm en “el arte de amar”, o como Fernando Savater en la “Ética como amor propio”, que a su vez remite a Unamuno en “del sentimiento trágico de la vida”, sí lo consideran. Y, para confirmar la regla, tenemos la excepción de san Agustín, entre los pocos santos que habla de este tipo de amor, cuando reseña “el recto amor a sí mismo” y el “torcido amor así mismo”. Por otra parte, el Catecismo de la Iglesia Católica lo reseña de pasada al referirse al suicidio: “El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad”.

También han surgido algunos teólogos y moralistas que centran su atención en el “amor a sí mismo”, como por ejemplo los moralistas López Azpitarte y Bartolomeu Bennássar; el teólogo Torres Queiruga y escritores cristianos como Martín Descalzo.

Por ejemplo, Bennássar en su libro las “virtudes cristianas ante la crisis de valores”, dedica un capítulo al tema la “virtud de la autoestima oblativa”. Y, partiendo del mandamiento del amor dice: “Ama el don que eres, ámate, acógete, hemos de amar y amarnos, amarse es reconocerse amado, saberse fruto de la vida amorosa de Dios”.

Por otra parte, López en su artículo “el difícil arte de amarse a sí mismo”, sin dar rodeos afirma: “Mientras la persona no sea capaz de amarse a sí misma, de reconciliarse con sus limitaciones, de aceptar sus sombras y desajustes interiores, tampoco podrá amar al prójimo con sus deficiencias y sus fallos”. Anthony de Melo, también, afirma: “Sé amigo de ti mismo, y tu yo te dejará en libertad para amar a tu prójimo. La calidad del amor a los demás depende de la calidad del amor a mí mismo”.

Queiruga dice: “Somos frutos de amor y estamos amasados de amor, destinados a amarnos y a amar profundamente, a estimarnos como algo precioso”.

Por su parte, Martín Descalzo citando una frase de Bernanos, dice: “Hay que amarse a sí mismo lo mismo que a cualquier otro pobre miembro del cuerpo místico de Cristo”. Solo cuando uno ha empezado a amarse a sí mismo, es capaz de aceptar y amar a los demás e incluso a Dios. Cuando te amas te conoces a ti mismo y te valoras tal y cual eres; en todo tu ser: pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.

Las causas del olvido de este tercer amor del cristiano pueden ser múltiples. Una de ellas, por ejemplo: el concepto del “torcido amor a sí mismo” de san Agustín. “Cómo te amas a ti mismo es cómo enseñas a otros a amarte”.

Tags relacionados