Opinión

No esperemos la próxima ola para promover la vid

En La tía Julia y el escribidor de Mario Vargas Llosa, hay un personaje que es el escritor de radionovelas, que suele poner entre los personajes de sus novelas radiales a alguien que está, “en la edad de la plenitud, la cincuentena”.

Quienes han leído la novela recordarán que ese mismo personaje estaba en la mentada cincuentena, de ahí que la defina de forma tan edulcorada. Al margen de si es o no, “la de la plenitud”, quienes andamos en ese trayecto habremos visto algunos cambios en el mundo.

La República Dominicana no es el país de hace 50 años, para entonces teníamos poco más de 4 millones de habitantes, nos enterábamos de las noticias por los periódicos impresos y por la radio y nadie se imaginaba, entonces ni el internet ni las redes sociales, que aportan un ritmo frenético a la vida.

Para esos años, por ejemplo, la reciente ola de violencia que caracterizó la última semana de agosto nos hubiera dado como tema para varias semanas, ahora entre las mordidas de las arañas, negadas en principio, la variación de la medida a Alexis Medina, Fernando Rosa y compartes, y el caso de Donald Guerrero, se llevan no solo la violencia de estos días, sino cualquier otro tema.

El Listín pública justamente el martes, una crónica de Yudelka Domínguez “Los picos de la violencia en los casi ocho meses de este año”, que nos pone en perspectiva la situación; de enero a agosto más de 700 personas han perdido la vida en hechos violentos.

Más de 100 hechos violentos por mes, 15,886 denuncias de violencia física, de género e intrafamiliar de enero a mayo, nos dan una idea de la magnitud del problema que enfrentamos, al margen de si tenemos ahora un porcentaje de muertes más alto o no que hace 4 años.

El 64 por ciento de los casos como resultado de riñas, es decir de conflictos interpersonales, como decía el domingo en el programa Al Filo, del canal 25 el sociólogo Cándido Mercedes no estamos educando en el manejo de conflictos, así que cualquier discusión puede terminar en una desgracia.

Aunque ahora es el kitebording, o kitesurfing el deporte de viento predominante en Cabarete y en el malecón de Puerto Plata, esta combinación de una cometa, como un paracaídas atado a una tabla, originalmente fue el surfing el deporte más popular para aprovechar las olas y el viento en esos lugares.

En el Surf con frecuencia esperar la siguiente ola, resulta inteligente porque podría ser más espectacular el desempeño del surfista, la realidad nos demuestra que esperar una siguiente ola para trabajar en las causas de la violencia no resulta inteligente.

Es necesario que desde el gobierno y desde el sector privado, la banca, el comercio e incluso las empresas licoreras, asuman el rol de promover la vida y la solución pacífica de los conflictos. Creo que es tiempo de grandes campañas creativas para promover el respeto por la vida, evitar una pelea, recordando que allí donde hay muertes, no solo va la desgracia a quienes pierden un familiar, sino también a quien pierde la libertad.

No debemos esperar la próxima ola para iniciar esfuerzos y promover una cultura de paz, si se logra que 1 o 10 vidas se salven a consecuencia de ello, entonces como Neruda, diríamos que “la poesía no habrá cantado en vano”.

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