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Puntos de vista sábado, 02 de julio de 2022

Somos un pueblo que canta

Miguel Reyes Sánchez
migresa@gmail.com

Hace unos días recibí un compendio de los famosos comerciales de Barceló, realizados a finales de los 80 por Nandy Rivas, los cuales forman parte de la mejor campaña publicitaria desarrollada en la República Dominicana en todos los tiempos.

“Somos un pueblo que canta” mostró que el uso de la cultura nacional podía ser un elemento determinante para la promoción de un producto marca país, creando empatía en la población consumidora, a la vez que se difundían las buenas costumbres, los valores y el folklore de cada pueblo.

La verdad es que cuando empecé a ver este magnífico material fílmico, retornaban a mi mente cada uno de aquellos comerciales y hasta repetía la frase final de los mismos, porque fueron un retrato auténtico de la conducta, el lenguaje, las frases locales, los hábitos y tradiciones de las diversas regiones del país.

No cabe duda, que en estos anuncios se logró representar los aspectos antropológicos e históricos de cada pueblo, quiénes eran las figuras icónicas, las usanzas de la población, la arquitectura y hasta el toque distintivo de cada región en el uso del lenguaje: que si la “i” del Cibao, la “r” del Sur, el cantadito característico de Cañafistol en Baní o la influencia inglesa de los cocolos en el Este.

Estas entregas son una combinación de la heredad material unida al patrimonio intangible de nuestros pobladores, de esas manifestaciones conductuales que proporcionan a las comunidades un sentimiento de identidad, pertenencia y continuidad, que se transmiten normalmente de forma oral como saberes tradicionales o autóctonos.

En el comercial de San Francisco de Macorís apareció al principio y al final un maestro que dando clases exclama, cuando se va luz: “Se fue Mejía” y cuando regresa: “Llegó Mejía”, frases que eran proferidas por todos los francomacorisanos, ya que desde el 24 de julio de 1926 se inauguró la planta eléctrica Mejía, propiedad de Carlos Mejía María.

Mientras que el comercial de Barahona concluye con el guía turístico Julio Ernesto Feliz, quien enfatizaba que Barahona era un pueblo “cuatriboliao y minoso”. Lo de cuatriboliao, es una alegoría al equipo de beisbol barahonero y las cuatro bolas. Se cuenta que en los años 20 los lanzadores de Barahona eran famosos por tirar cuatro bolas a los bateadores sanjuaneros. Mientras, lo de minoso, se refiere a las minas que existen en Barahona: sal, yeso, mármol, larimar y carbonato de calcio. Luego esta frase, fue acogida por más de 60 años por un pintoresco personaje, que se presentaba borracho a todo el que llegaba al parque de Moca: “Soy Julio Figueres, cuatriboliao y minoso”.

Como estos dos ejemplos, se fue investigando la diversidad costumbrista de cada pueblo y sus referencias históricas. De Moca que fue capital política en 4 ocasiones; mientras en Montecristi se refiere al Morro como ese camello de piedra que duerme a orillas del mar; Baní con sus dulces, bellas mujeres y los colmados; La Romana como una flor de caña; San Juan: el granero del sur; La Vega con su carnaval y el pueblo marítimo de Puerto Plata.

Estos comerciales llenaron un espacio importante de nuestra historia publicitaria, demostrando que la dominicanidad permite realizar interesantes documentales y anuncios, fundamentados en la riqueza de su acervo cultural y lo autóctono de nuestro pueblo.