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Puntos de vista jueves, 13 de enero de 2022

EL BULEVAR DE LA VIDA

La ADP y la sonrisa de una niña

  • La ADP y la sonrisa de una niña
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

 En un país donde un partido conservador solo se diferen­cia de uno progresista en que los primeros visten mejor y los segundos las prefieren rubias, todo puede pasar… y pasa. Es el descrédito in crescendo de la partidocra­cia dominicana.

Como ocurre desde hace años, la ma­yoría de los colegios y sindicatos pro­fesionales de nuestro país son vulgares instrumentos de las maquinaciones estra­tégicas de los partidos que en cada proce­so electoral de esas organizaciones deci­den la plancha ganadora.

Fuera el PRM de su dirección, en la ADP toca el turno a un diputado, miem­bro del C.C. del PLD, que como tal está actuando, al punto de que, por dañar al Ministerio de Educación, y en contra de las recomendaciones del mismísimo Co­legio Médico y los especialistas de la co­sa, ha llamado a una huelga de docen­tes hasta el 31 de enero, que vienen a ser unas largas vacaciones pagadas por los contribuyentes.

Si el perfil/tipo del estudiante de es­cuela pública es una niña pobre, que vive en una modesta casita, mejora o “parteatrás”, ausente los padres por­que tienen que trabajar o porque nunca han estado, entonces, saben muy bien los políticos que dirigen la ADP lo que para esa niña atrapada en las redes im­placables de la pobreza, o quizás en el laberinto existencial de un padre al que apenas conoce, para esa niña, ay, ya di­go, no hay mejor ni más seguro lugar que el aula de una escuela, donde po­drá recibir todo lo que la desigualdad social o la irresponsabilidad paterna le han negado.

Colegios y sindicatos se deben a los partidos políticos, y en el pago de su deuda cometen las mayores atrocida­des, por ejemplo, llamar a una huelga sin reivindicaciones, sabiendo que al hacerlo están afectando la educación, la alimentación y hasta la protección de nuestros muchachos. La poesía popu­lar lo dice mejor que nadie: “Todito te lo consiento, menos faltarle a mi ma­dre”... y a una niña.

Y así van por la vía los señores, esfor­zados en lograr que el ciudadano descon­fíe cada vez más de la democracia, y can­te indignado el “Algo personal” de J. M. Serrat: “... ni recuerdan que en el mundo hay niños, les niegan a todos el pan y la sal, entre esos tipos y yo...”.)

Convertidos en los anti-Midas de nues­tra democracia: dañan todo lo que to­can... hasta la sonrisa de una niña.


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