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Puntos de vista jueves, 23 de septiembre de 2021

EL BULEVAR DE LA VIDA

Rafael Leonidas Erdogan Bolsonaro

  • Rafael Leonidas Erdogan Bolsonaro
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

Con el buen corazón de un adolescente enamorado, y la ternura y el cuidado de una madre primeriza, así andan las autoridades del INTRANT suplicando a los señores “padres de familia” que, por favor, registren sus motocicletas.

La aplicación selectiva de las leyes va a hundir a este país, regalándonos cuando menos lo esperemos -y voto a voto- un Rafael Leonidas Erdogan y Bolsonaro, y ya me explico. A los “pobres padres de familia”, los gobiernos les temen porque son muchos, muchos son violentos, y si las autoridades militares o policiales les exigen respeto, se graba el acto de imposición de ese respeto, se sube a las redes y se daña la imagen del gobierno. ¡Y los gobiernos reculan y frenan a las autoridades!

A los dueños de motocicletas, las autoridades les ruegan cumplir las leyes, mientras al ciudadano común de la decencia y las 14 horas diarias de trabajo se les aplican todas con la rigurosidad de un verdugo y la precisión de un reloj suizo. El anticipo, por ejemplo. Todo hombre de la micro o gran empresa, sabe lo que le ocurre si se atrasa 24 horas en el pago del “anticipo”. Habrá “recargo por mora sobre el valor del impuesto, y el porciento del monto de recargo dependerá según el tiempo de atraso”, para no hablar de lo que pasa cuando en un control un agente del orden encuentra a un ciudadano -sin pinta de violento ni modales de perdonavidas- con su licencia de porte y tenencia de armas vencida un día o una semana. En ocasiones, la incautación termina en robo.

En vez de sencillamente aplicar la ley, en su magnánimo corazón cuya bondad envidiaría la madre Teresa de Calcuta, las autoridades han dado de plazo hasta el 20 de octubre para que los muy señores registren sus motocicletas. Hasta la noche del martes pasado, menos del 13% había acudido al cariñoso llamado.

Cuando en un país el Estado es incapaz (y el nuestro lo ha sido desde mayo de 1961) de hacer cumplir las leyes, cuando con su aplicación selectiva de la norma a los más tranquilos incita a la desobediencia civil y rompe el contrato social que la Constitución representa, es que estamos al borde del abismo y solo falta un demonio que nos pida dar un paso al frente. (¡Ay! País, país, país!)