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Puntos de vista domingo, 09 de mayo de 2021

La galaxia Gutemberg, mejor para recordar y aprender

  • La galaxia Gutemberg, mejor para recordar y aprender
Ignacio Nova
ignnova1@yahoo.com

El 2 de febrero del año 2017, Bernard Perbal, del  Grupo de Investigación en Derecho, Economía y Gestión de la Universidad Cote d´Azur, de Niza, Francia, y editor de la “Revista de Comunicación y Señalización Celular”,  publicaba, en el volumen 11, páginas 1 a la 4 de ese “Journal”, su ensayo  "Los estudios de neurociencia y psicología sustentan los beneficios cognitivos de la lectura impresa".

En este texto, el autor sintetizaba los hallazgos que se habían comprobado empíricamente sobre la efectividad de leer contenidos en medios o dispositivos impresos en papel o digitalmente —libros vs computacionales y móviles.

Era un necesario esfuerzo de síntesis. Urgente, ante la intensa promoción de lo digital y de la Internet que asoló al mundo a partir del 2K, con el efecto inmediato y apabullante de establecer como axioma —más que como paradigma— la superioridad total y absoluta de las nuevas tecnologías —páginas web, e-book y el formato de documentos portables o Pdf, aportadas desde el universo Kleinrock—, frente a los medios “tradicionales”, propios de la Galaxia Gutemberg (libros, revistas, periódicos). Así, intelectuales y científicos franceses se dedicaron a honrar a su predecesor René Descartes, realizando estudios incitados por cuestionamientos metódicos sobre las fortalezas de ambos soportes, desde la óptica de su efectividad esencial y esperada en lo determinante: la comprensión.

El trabajo de Perbal permite verificar que tal interés produce resultados desde, al menos, el año 2010.

En el 2012 Larry Feriazzo documentó que: “en un período de tiempo limitado, la lectura en papel parece ser más eficiente, con menos fatiga”; Ackerman & Lauterman encontraron que “los estudiantes terminan leyendo más rápidamente la versión en papel” y Connell y colaboradores afirmaron que  “Desplazarse por el texto digital perjudica el proceso de comprensión”.

Ninguno de estos autores niega las ventajas de los formatos digitales accesibles desde dispositivos electrónicos, desde ópticas distintas como las consultas y búsquedas de palabras claves, la accesibilidad, la portabilidad y el entretenimiento, entre otros. Incluso hay quienes reportan como poco significativas las diferencias en comprensión entre ambas plataformas de lectura.

Pero en este ámbito, la fortaleza de los impresos ha sido establecida claramente, al determinarse cómo absorben al lector en sus las atmósferas de su galaxia, gracias a una importante fuerza gravitacional centrípeta que en el universo Kleinrock no se ha podido verificar, hasta hoy.

Al respecto y citados por Daniel Willingham (2014), Mangen y Kuiken afirman: “es menos probable que los lectores digan que son «transportados» al mundo ficticio cuando leen en una pantalla”, incluso al leer temas ficciosos, en los que Kleinrock apabulla cuantitativamente a Gutemberg, pese a que es un ámbito en el que la demanda de libros impresos crece, como vimos en entregas anteriores.

Para Woody, Daniel & Baker, “los estudiantes reportan una mayor fatiga después de leer libros de texto electrónicos”, prefiriendo “las pantallas para leer por placer”, afirma Foasberg, citado por Perbal. Para Scholastic Publishers, 2014, por su parte, aprecian este medio de lectura “cuando viajan o cuando no quieren que otros sepan lo que están leyendo”.

Al parecer, la cantidad y ostentación de las potencialidades tecnológicas termina restando calidad comprensiva a los dispositivos del universo Kleinrock: El discernimiento y el proceso de lectura se complican con la sobrecarga propia de los medios digitales: “esa dificultad parece agravarse a medida que el material se vuelve más cargado de hechos (Rasmussen, 2015).

Perbal también refiere “un estudio realizado durante dos años y en el cual N.Baron recopiló datos de 429 estudiantes universitarios de EE. UU., Japón, Alemania, Eslovenia e India” concluyendo que “la letra impresa les dio a los estudiantes una idea de dónde se encontraban en el libro: podían "ver" y "sentir" dónde estaban en el texto”. También, “que la impresión era más agradable a la vista y menos probable que fomentara la multitarea”, tentación que distrae la atención debido a los numerosos hipervínculos presentes en un texto digital.

Otra fortaleza verificada de los impresos es su contribución a la formación de recuerdos, porque contribuyen a la creación de conexiones sinápticas, esenciales para el sostenimiento biológico del saber y la permanencia del resultado del proceso enseñanza-aprendizaje como hecho material construido por millardos de neuronas.

Perbal, citando a Mengen, 2013, refiere que tal capacidad se comprobó porque “los estudiantes que leyeron textos impresos obtuvieron puntuaciones significativamente mejores en la prueba de comprensión lectora que los estudiantes que leyeron los textos digitalmente», en tanto Santana, 2013, encontró que los lectores de impresos “recuerdan más que quienes leen en dispositivos electrónicos”.

De modo que, si sobre el concepto del saber sigue incidiendo aquello de “recordar a tiempo”, la Galaxia Gutemberg supera el universo Kleinrock.

Sobre esas y otras ventajas adicionales de los medios y dispositivos impresos en papel volveremos en otra entrega.