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Puntos de vista sábado, 08 de mayo de 2021

FE Y ACONTECER

“Ámense unos a otros como yo los he amado”

  • “Ámense unos a otros como yo los he amado”
Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez

VI Domingo de Pascua – Ciclo B 9 de mayo de 2021

a) Del libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26.34-35.44-48. Cornelio “centurión de la cohorte Itálica”, no practicaba ninguna religión idolátrica, hombre piadoso y temeroso de Dios, hacía muchas limosnas y oraba constantemente a Dios”. Cornelio manda llamar a Pedro que se encontraba en Joppe y Pedro, acompañado de algunos hermanos, se dirige a Cesarea.

Allí tiene lugar el fenómeno de la efusión del Espíritu Santo sobre aquellos paganos, lo que causó extrañeza entre “los creyentes circuncisos que habían acompañado a Pedro”. Pedro se preguntaba: “Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?”. Y mandó bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así comenzó la evangelización de los paganos, en la casa de un militar romano.

b) De la primera carta del apóstol San Juan 4, 7-10.
Dios ama al hombre y es quien siempre toma la iniciativa, después, si éste quiere, corresponde al amor de Dios; solamente desde aquí podrá el hombre conocer algo de Dios. La cumbre de la vida cristiana es vivir en el amor. El amor de Dios es algo que el cristiano debe transmitir a los demás, como dice San Juan en el evangelio. La prueba constatable de que uno ama a Dios es su amor al prójimo y ese amor es la expresión más viva de la fe. La fe del cristiano abraza sobre todo el sacrificio de Jesús que derramó su sangre por nosotros. Ese sacrificio es un gran misterio y hubo herejes que no podían aceptarlo. Es a través de nuestra fe y participación en el sacrificio de Cristo que recibimos la vida que Jesús ofrece al creyente.

c) Del Evangelio según San Juan 15, 9-17.
Este domingo el tema es el amor cristiano que se origina en el amor del Padre al Hijo, de Cristo al discípulo y de éste a los hermanos. La liturgia nos presenta bien claro que para permanecer unidos a Cristo y dar fruto, debemos permanecer en su amor, guardando sus mandamientos, especialmente el del amor fraterno. El amor en que permanece el discípulo, si cumple la palabra de Jesús, tiene una medida y un modelo prescritos por él mismo, la entrega de su vida, lo cual constituye la máxima prueba y garantía de amor. Amor y vida son conceptos intercambiables en la literatura de San Juan, como hemos expresado anteriormente.

El amor y la obediencia cristianos no se excluyen, sino que dependen mutuamente el uno del otro, porque el amor brota de la obediencia, y ésta a su vez expresa y aumenta el amor. Jesús es reiterativo en su mandamiento del amor. Junto con su precepto del amor, Cristo nos da también su alegría y su amistad. El plan salvador de Dios es un círculo de amor, pero no cerrado sino abierto, en el que tenemos entrada todos gracias al designio amoroso de Dios.

Jesús vincula la alegría del discípulo a la fidelidad y permanencia en su amor y a la obediencia a sus mandatos, lo mismo que Él respecto del Padre. Así la felicidad está en relación directa con la capacidad de sacrificio, porque en él radica la posibilidad de comunicar amor y vida. Solamente dando vida y alegría se poseen y se aumentan; sólo amando con el amor con que Dios nos ama, vivimos y participamos la alegría vital de Jesucristo. Pidamos al Señor que nos siga llenando del gozo pascual que sólo Él puede dar, para que continuemos testimoniando su amor a los hermanos.

Fuente: Luis Alonso Schökel: La Biblia de Nuestro Pueblo. B. Caballero. En las fuentes de la Palabra.