Opinión

Una probadita de banano

Se trató de una insurrección propia de una “república bananera”. Esa fue la opinión del ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, cuando se le cuestionó sobre los acontecimientos ocurridos el pasado miércoles en el Capitolio, donde irrumpieron partidarios del presidente Donald Trump para impedir la ratificación del demócrata Joe Biden como presidente electo de esa nación.

“República bananera” es una expresión peyorativa acuñada en el siglo pasado para describir a un país políticamente inestable, empobrecido, atrasado y corrupto, especialmente los del llamado tercer mundo.

El uso por primera vez de la expresión se atribuye al escritor estadounidense William Sydney Porter, alias O. Henry, en el cuento “El Almirante”, publicado en 1904, para referirse a países inestables y dominados por Estados Unidos.

El término también se asocia a Guatemala, país centroamericano que tenía convenios con la “United Fruit Company”, una compañía estadounidense productora especialmente de bananos que controlaba la economía del país, donde tenía más poder e influencia que el propio Estado. De ahí que se use de manera despectiva la expresión para referirse a países bajo la hegemonía de una empresa multinacional o de un gobierno extranjero.

Bush, quien gobernó Estados Unidos entre 2001 y 2009 en representación del Partido Republicano, no se quedó ahí en su evaluación de los hechos apoyados por su compañero de partido. Usó otros razonamientos que retratan todo lo contrario a lo que ha sido el accionar de su nación en Latinoamérica, especialmente cuando dijo que “en Estados Unidos es responsabilidad fundamental de cada ciudadano patriota defender el orden y la ley”.

Ese orden y esa ley que los gobernantes norteamericanos han vulnerado en Latinoamérica sin reparar en las consecuencias negativas que le ha acarreado a la democracia en la región.

Y remató con la siguiente expresión tan inusual en líderes estadounidenses: “Para aquellos descontentos con los resultados de las elecciones, nuestro país es más importante que los políticos de cada momento”.

Vaya expresiones de una persona que cuando ocupó la Presidencia de Estados Unidos, al igual que la mayoría de que quienes han ostentado ese cargo, poco le importó desconocer resultados de elecciones en “repúblicas bananeras” y de crear condiciones para el caos cuando un desafecto a sus intereses lograba el triunfo, aunque fuera fruto de procesos diáfanos y democráticos.

Hay que recordarle al señor Bush que la falta de institucionalidad, la corrupción, la impunidad, el uso abusivo del poder, crímenes, desapariciones, persecuciones políticas y otros males propios de las “repúblicas bananeras” fueron ignorados y, en el peor de los casos, promovidos por Estados Unidos, especialmente durante las oprobiosas y sanguinarias dictaduras que los gobiernos de esa nación toleraron en el siglo pasado.

Poco les ha importado a líderes políticos desde la Presidencia de EEUU apoyar golpes de Estado en “repúblicas bananeras”, como el que cercenó en apenas siete meses el gobierno democrático que encabezó Juan Bosch a partir de 1962, precisamente dos años después de que fuera decapitada la dictadura de Rafael Trujillo, quien contó con el apoyo de los norteamericanos para gobernar al país con mano férrea a lo largo de casi 30 años.

Lo acontecido en Estados Unidos el pasado miércoles con un saldo de cinco personas muertas, incluido un policía del Capitolio, sorprendió a una comunidad internacional que lucía incrédula y condenó los hechos de manera casi unánime.

Por primera vez Estados Unidos tuvo una probadita del banano que por tanto tiempo ha sembrado en Latinoamérica.

Y se dio cuenta que no es tan dulce al paladar.

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