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Puntos de vista lunes, 21 de diciembre de 2020

ORLANDO DICE

La tarea al revés

  • La tarea al revés
Orlando Gil
gil@claro.net.do/@orlandogildice

 El gobierno empezó celebrando de boca los noventa días y des­pués los cien días, y como se la cantaba y bailaba entre sí, todo quedó bonito. Aunque debe el biscocho, pues la fiesta se fue en suspiro.

Ahora conviene que el gobierno haga la tarea al revés. Lo bueno fue bueno, y nadie podrá quitárselo. Falta establecer lo malo, que tam­poco se le podrá quitar, pero que permitiría corregir situaciones, tendencias, conductas.

Nadie es perfecto, y nada es ideal.

Un análisis de fin de año, desapasionado, se­ría un elemento, pieza o instrumento para un cambio de estrategia en el 2021.

Aun cuando todavía cuenta con el favor del grueso de la población, no puede negarse que el gobierno pasa por una mala racha. Está perdiendo juegos en la pizarra exterior.

Pequeños tropezones, deslices inconcebibles, indelicadezas inexplicables, están creando una percepción equivocada.

Repito lo que he dicho en otras ocasiones: La calle se alimenta de extravíos, y hay subal­ternos que no saben correr las bases y se dejan sorprender en primera o yendo ha­cia segunda.

El cátcher de la opinión pública tiene buen brazo, y qué no decir de la perversidad de las redes. El bumerán se está devolviendo antes de tiempo, y por descuido o pereza le están dando a tomar su propia medicina.

La ayuda solidaria a los artistas necesita de un bajadero, pues en el papel y en principio el gesto se vio noble y de compromiso. No sé pensó que la reacción sería tan pronta, e incluso que provendría del propio sector beneficiado.

Nada más enemigo de un artista que otro ar­tista, o más imperdonable que la envidia. La impaciencia daña los mejores repartos, pues se rompe la fila y cada interesado obra por su cuenta.

Piensa que el caballo no va a dar para todos y que de su audacia dependerá que no le corresponda el colmillo. Para complacer al resto habría que buscar mil millones, y tam­poco alcanzarían.

Aquí todos somos músicos, aunque sea de güira o pandereta. Y como si fuera una espe­cie de comunismo, a cada cual lo suyo.


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