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Puntos de vista jueves, 29 de octubre de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

Dominicanos ¿ausentes?

  • Dominicanos ¿ausentes?
Pablo Mckinney
pablomcKinney@gmail.com

Ahora que gracias al Informe del Banco Central sabemos que ni siquiera el Covid-19 ha sido capaz de frenar la solidaridad de los dominicanos residentes en el exterior hacia sus compatriotas en la isla, y octubre será el sexto mes consecutivo en que las remesas aumentan con relación a igual período del pasado año; ahora es buen momento para afirmar que nada hay tan injusto como llamar “dominicanos ausentes” a los hombres y mujeres a los que la economía o el amor llevó a luchar/soñar en otro suelo ancho y sobre todo ajeno.

Durante años he podido compartir con la diáspora gris de mi país mulato en muchas ciudades del mundo, y en cada una de ellas sólo encontré su cuerpo, porque su alma se había quedado aquí, nunca se fueron, “apenas ensayan la manera de volver”,  que es un texto que leí en una tarde inolvidable, en ese templo de la dominicanidad que es el Centro de León, de Santiago.

Salvo que un inmenso amor foráneo lo rescate de sus pesares, el dominicano es un espécimen romántico y querendón que sólo puede ser verdaderamente feliz en la infelicidad de su media isla “bullanguera y bailapenas”, con demasiada rapiña y caciquismo, es cierto, pero, ay, con el temple y la fuerza que sólo puede generar el mestizaje de almas embadurnadas de sol caribeño.

Recientemente, en New York pude compartir con un grupo de nacionales. Después de horas de diálogo sobre la situación sanitaria, política y económica del país; después de muchos recuerdos y demasiado vino, y de ver cómo se les  iluminaba el rostro de orgullo al hablar de su campito, su barrio, la familia, los amores, los amigos, me pareció escucharlos cantar a coro, lo que en los años setenta uno entonaba feliz en esos lugares supuestamente “poco santos” y mal llamados “de mala vida”, a pesar de sus buenas noches:

“Estoy aquí, pero no soy yo

mi corazón anda detrás de ella”.

“Ella” era la patria y los años que no volverán.

Es por todo lo anterior que, al leer el informe del BC he sentido la necesidad y el deber de enviar un mensaje de agradecimiento y cariño a tantos compatriotas que con su trabajo y su solidaridad hacen patria, a pesar de su ausencia. Aunque, en realidad ellos nunca se fueron, más bien viven ensayan “la bendita hora de volver”.


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