Opinión

POLÍTICA Y CULTURA

Las ideas de Ramonet en el Palacio Nacional

Thomas Hobbes, definió el Levia­tán, como una fi­gura terrorífica pero necesaria, imprescindible para que fun­cionen los valores de la paz y el orden, como garantía para que la sociedad se desarrolle. Era para Hobbes, un mal ne­cesario, para que la civiliza­ción progresara. Su obra, “El Leviatán”, está constituido por 4 partes donde Hobbes fundamenta la relación en­tre el hombre y el Estado, me­diante un pacto consensua­do en relación de poder entre mandado y mandatario. Ha­ce apenas algunas horas, el reconocido pensador, Igna­cio Ramonet, intelectual críti­co, de notabilidad apreciable, en uno de los salones del Pa­lacio Nacional, otrora escena­rio de conciliábulos y aprestos electoralistas, pronunció una conferencia magistral, con la digna presencia del presiden­te Luis Abinader, dividida en varias intervenciones, sobre los efectos de la pandemia y la incidencia de la misma en el reordenamiento mundial. Ramonet, brillante e incisivo, advirtió que las proyecciones inmediatas de los efectos del “corona virus”, la virtual des­organización del Estado li­beral deshaciéndose de atri­butos sociales, entregando la administración del aparato de gobernabilidad y control de la economía, al área de lo privado, o sea la supresión progresiva del Estado como ente corporativo usual, esta­ba colapsando, mientras, lo que Hobbes, conceptualizó como el Leviatán, sin citarlo por su nombre, recupera ca­da día su función primaria, su necesidad imperiosa de pactar la gobernabilidad, en una reingeniería de mando y de coordenadas de sustenta­ción tradicional entre gober­nados y gobernantes. Ramo­net, avasallado por las cifras y efectos ocasionados por la pandemia, restableció como proyecciones teóricas el retor­no del Estado como ente uni­ficador, auxiliador coyuntural de la sociedad, ante el debili­tamiento de sus aperturas de mercado, bajo el marco digi­tal del modelo neoliberal de Estado.

El retorno del Leviatán es la vuelta que Hobbes incorpo­ra a la tesis del “Pacto Social”, para asegurar la seguridad y la protección de los ciudada­nos, desde el Estado, y así acabar con los conflictos en­frentados por los intereses in­dividuales egoístas. La tesis parecía haber sido sepultada por la historia. El modelo neo­liberal prescinde en casi su totalidad del Estado tradicio­nal, obsoleto. La función post moderna del Estado reduce casi a sello tomógrafo las tra­dicionales funciones del ar­caico Estado. Marx vaticinó la extinción del Estado en las inmediaciones históricas del siglo 19, dentro de un marco escalonado de ciclos revolu­cionarios. El marco teórico de ese Estado primario semi es­clavista, prescindió de la mu­tación del Estado moderno, hasta que el desarrollo de la tecnología, la cibernética, la comunicación y la propia era digital, produjeron un salto cualitativo de dimensiones gigantescas que abrieron las compuertas de un mundo vir­tual desconocido. Ramonet advierte del sesgo ideológi­co que asume la reincorpora­ción del Estado, del Leviatán, sin citarlo, para no hacer he­chicería histórica. Lo real es su preocupación, como intelec­tual trascendente, ante la re­posición del Estado, y de có­mo la necesidad, generadora de desplazamientos, podría estar moviendo las agujas del reloj histórico, hacia atrás, ante el caos de la tragedia de la pandemia y su ingoberna­bilidad manifiesta. La búsque­da del Leviatán, genera una recomposición de demandas que se arremolinan alrededor del protector, del mecenas corporativo, del viejo Estado paternalista.

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