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Puntos de vista miércoles, 23 de septiembre de 2020

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

La taza de mi abuela

  • La taza de mi abuela
Luis Rosario

 Se trataba de una jícara de co­co que para to­do era útil. Por la mañana al le­vantarse, desempeñaba su papel como utensilio para lavarse las manos, la cara, cepillarse los dientes y de­más usos de higiene per­sonal. Al medio día, servía de taza medidora para pre­parar la comida. De noche, era el mejor envase para darse su traguito de Brugal Añejo de vez en cuando.

Pero lo peculiar de la jí­cara de la abuela era que tenía uso comunitario. Las vecinas compartían sin nin­gún tipo de asco el conte­nido de la misma y lo pa­saban de boca en boca con toda la tranquilidad del mundo. Sobre todo, cuan­do se trataba del delicioso café que la abuela colaba y compartía a cualquier hora, porque eso sí, colaba un ca­fecito que daba gusto.

Un día, lamentable­mente uno de los dientes de nuestra abuela empe­zó a desprenderse y le to­có a Juanita, nuestra pro­tagonista, englutirse el diente calloso que nunca había visitado un dentis­ta, pero por desgracia se le atrabancó. No quisieran ustedes saber el reperpe­ro que se armó para ha­cer que ese cuerpo extraño descendiera a lo más pro­fundo del estómago. La única solución fue agarrar la jícara, llenarla de agua hasta el tope y empezar a echarle agua por la boca hasta eliminar del camino el extraño intruso que fi­nalmente cedió. La abue­la terminó recogiendo en una terina el sudor que le corrió por todo el cuerpo.

Los tiempos han cambia­do y el agua ya no se reco­ge en jícara. La industria del vidrio, del plástico y tantos otros artefactos han suplan­tado a la jícara de coco, que si bien queda como recuer­do del pasado, todavía en caso de aprieto puede dar un uso múltiple hasta resol­ver casos incluso de nece­sidades básicas que solo se ven en campo abierto.

La nueva tecnología ha traído métodos modernos para resolver casos como el de la abuela, siempre pre­parada a no abandonar to­talmente las costumbres del pasado que traen lecciones y enseñanzas útiles, ya que estos avances muchas ve­ces nos hacen olvidar que mientras más cerca de la naturaleza estamos, tam­bién estamos más cerca de la creación y del Creador que es nuestro más impor­tante fin.