EL BULEVAR DE LA VIDA

La tentaciĆ³n trujillista

Pablo McKinney

 Como es de todos conocidos, ser de las Águi­las Cibaeñas es el pretexto preferido de las mujeres bellas e inteligentes para evitar ser perfectas. Y es que una mujer bella, inteligen­te y liceísta es la perfección, una tentación inapelable.

Lamentablemente, en el país existen otras tentaciones de menor embeleso pero de ma­yor peligrosidad: El trujillismo, la tentación de nuestra cultura trujillista. Por la existen­cia del Covid-19 y sus secuelas, porque susti­tuye a un presidente miembro de un partido que dirigió el país durante 20 de los últimos 24 años, -con el lógico desgaste que esto su­pone-, “por todas esas cosas y por muchas otras”, admitamos que la presidencia de Luis Abinader ha iniciado sus pasos con gran acep­tación, pero debe salvarse de nuestra cultura trujillista.

Y es que, en cada dominicano late un perín­clito autoritario e intolerante en potencia, al que solo le falta una cuota de poder para pre­sentar credenciales. En mayo 30 de 1961 mu­rió Rafael Leónidas, pero no su peor herencia: El trujillismo.

He dicho todo lo anterior, porque si fue­ra cierta la denuncia de que, en Santiago, un miembro del equipo del Presidente Abinader habría violentado un candado que impedía su entrada el parque Duarte, posiblemente este­mos ante el primer peligroso ejemplo de la he­rencia de Rafael Leónidas, con lo simple que hubiese sido una llamada de WhatsApp al al­calde Abel, que aunque nunca toma llamadas, con el Presidente de seguro hubiera hecho una excepción.

¡Que por consejos no quede! El hijo del Dr. Abinader debe recordar que en agosto de 1996, Leonel Fernández comenzó brin­dando helados Bon en las tardes de domin­go del malecón, y renegando del “jipete­reío” de funcionarios que le andaba atrás durante los primero días... y 24 años des­pués, se deja acompañar -sin que le moles­te- de unos mediáticos gendarmes en plan Banda Verde (de inspiración colorada), que en las redes sociales tiran a matar reputa­ciones con el arma de la calumnia a quien ose disentir de sus postulados. Uno, como el periodista Felipe Ciprián, y tantos otros, lo dice porque lo sabe y porque lo ha pade­cido. La tentación trujillista es constante y tenebrosa,

Cuídese, señor presidente Abinader, que lo del 30 de mayo fue mentira. Quien, “gra­cias a un balazo, se enfermó después de 30 años de gobierno” fue Rafael Leónidas, el trujillismo no, el trujillismo vive. Matémos­lo entre todos con el ejemplo.