EL BULEVAR DE LA VIDA

Brecha digital y barbarie

Pablo McKinney

Tan grave es la crisis que abate al país, que ya ni siquiera podemos ver la luz al final del túnel... porque el túnel fue de­molido por los efectos de la pande­mia. “La piña no está agria”... porque ya no hay piñas.

Para tener una idea de la magni­tud mundial de la tragedia, digamos que Estados Unidos tiene hoy más de 54 millones de desempleados, y ha perdido un tercio de su riqueza, en una caída solo comparable con la del año 1947, luego de la Segunda Gue­rra Mundial. Mientras, España ha su­frido una contracción económica de 22% que supera la de los años terri­bles de la guerra civil de 1936. En el caso de Dominicana, nuestros actua­les indicadores socioeconómicos, co­mo el crecimiento, el desempleo, la pobreza, nos devuelven al año 2004. Pero hay más.

En el país y el resto del mundo, las medidas de distanciamiento social por el coronavirus han convertido en imprescindible la comunicación vir­tual, pero esta no es posible sin In­ternet. He ahí la urgente necesidad de eliminar la brecha digital. Por esa brecha, por su culpa, “por su mismí­sima culpa”, hoy no es posible que, por ejemplo, la educación pública o el servicio de Justicia se ofrezcan de manera virtual a todos los dominica­nos. (Recuerden a León Felipe: “Lle­gar con todos y a tiempo”).

Para tener una idea de la gravedad de la situación, recordemos que, se­gún el portal de INDOTEL, apenas el 28 por ciento de los hogares domini­canos tiene acceso a Internet, que es la herramienta que, -como antes ocu­rrió con la alfabetización o el servicio eléctrico - separa la civilización de la barbarie.

Tanto Indotel como las telefónicas, especialmente Claro y Altice, han si­do reincidentes en sus esfuerzos por llevar Internet a las comunidades donde el servicio no existe o es preca­rio, pero los concejos edilicios y/o sus alcaldes -por razones diversas- han frustrado más de una iniciativa. Por eso, la negociación con el poder mu­nicipal no puede ser cosa de telefóni­cas o de Indotel, sino del mismísimo jefe del Estado, del presidente quie­ro decir.

No puede ser virtual la educación no universitaria, ni puede serlo la Jus­ticia si, -a la fecha-, siete de cada diez hogares dominicanos viven todavía en esa barbarie tecnológica llamada BRECHA DIGITAL. Entonces, es el tiempo de las soluciones. A grandes males, grandes corazones; que es la patria, joder, es la patria.